Luis Cuello nos relata como madera de olivo, cedro y otros materiales nobles viajaron de ida y vuelta a las Islas Malvinas desde las manos de Eugenio Tomas Fiore, alias Queño, tanguero, locutor improvisado y, por sobre todas las cosas, artista.

 

Escribe: Luis Rodolfo Cuello

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

Cuando sus abuelos llegaron del Piamonte hacia fines del siglo XIX, se establecieron en un pueblo de la Provincia de Santa Fe, pasando de allí, varios años después, a San Francisco donde nacieron los padres de Fiore. Criado en el campo, en el pueblo de La France, Córdoba, y hablando solo el dialecto piamontés hasta los cinco años, fue que comenzó a mostrar su habilidad natural para trabajar la madera y armar sus propios juguetes.

Eugenio en la lengua de sus padres fue Euquenio, luego Quenio y al final Queño como a él le gustaba llamarse.

Ya adolescente se radica en Córdoba en el barrio de Altos General Paz, donde comienza a dedicarse de lleno a su oficio de corazón, el tallado de la madera, la ebanistería.

Realizó cientos de llaves simbólicas para dignatarios extranjeros, copas para deportistas, cetros para señoritas bellas ganadoras de concursos, hasta diseñó maquetas en madera para monumentos de gran porte.

El año 1982 no mostraba un panorama halagüeño para el país, las razones económicas obligaron a Queño a cerrar su taller en 1979 y a trasladarse a La Rioja a la carpintería de su hermano Arce y es allí donde un 2 de Abril de 1982 se despertó con la noticia, Argentina había recuperado las Islas Malvinas.

Todos trabajaban para los soldados, cartas, chocolates, leche en polvo, “El Fondo Patriótico….”

No podía quedarme de brazos cruzados”, me contó Queño, “algo tenia que hacer y mi modesto pasar me impedía una donación en dinero o bienes, entonces fue que conversando con mi hija Karina nació la idea de un sillón…! Si, un Sillón para quien gobernase Las Islas”.

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

Fue diciendo y haciendo, lo comenzó de inmediato:

Sus laterales serían el perfil de un pingüino.

La cabeza de éste, un círculo por el bloqueo naval.

En el centro, el mapa de Malvinas rodeado por las olas del mar Atlántico.

Estaría tapizado en rojo por los héroes que combatían en el sur.

Los apoya brazos terminarían en puños cerrados en señal de defensa.

Estos asentados sobre tres virolas torneadas, representando tierra, mar y aire.

El apoya cabezas tendría el trébol de cuatro hojas en señal de suerte.

El respaldo tapizado con los colores patrios todo esto sostenido en la geografía de su nueva provincia adoptiva, La Rioja.

Se trabajaba afanosamente en el taller de calle Pellegrini  955, Eugenio Tomás Fiore diseña y talla ayudado por su hermano Arce. Don Juan José Luna y Don Domingo Fontañez tapizan y graban en plata, mientras que en Córdoba el orfebre Juan Barrera hace los chapeados en plata del Bastón de Mando sobre un torneado de Fiore

Hacia el 18 de Mayo el Sillón de Malvinas estaba listo, se preparó un cuidadoso embalaje y se le hizo entrega el 3 de Junio  al Coronel Cayetano José Fiorini del Batallón de Ingenieros de construcciones 141 con destino al Comando del III Cuerpo con sede en Córdoba.

Pasaron pocos meses para que el Sillón de Malvinas estuviese de nuevo en manos de su hacedor, pocas explicaciones muchas interrogaciones, Queño siempre se mostró reacio a contar esta parte de la historia.

Sucedió que con motivo de la Feria Mundial de las Naciones, celebrada en Buenos Aires en el año 1985 y donde Queño Fiore expuso el Sillón, aconteció que un joven, ex combatiente, veterano de la Guerra de Malvinas, al pasar de casualidad lo vio y cayó de rodillas con lagrimas en los ojos, balbuceando y gimiendo: “Yo lo ayudé a salir de Las Islas… yo lo cargué en el último vuelo…”

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

Salió como llegó, sin mácula y  sin conocer el peso de quien debería haber gobernado Las Islas.

Eugenio, Quenio, Queño, aquel que conversó con el Papa en Abril de 1987 regalándole una simple llave de madera a quien las tenia de oro, brillantes esmeraldas, de cada lugar que había visitado le dio también a Su Santidad  un papel de estraza escrito con su lápiz de carpintero “Señor Papa, Usted viene de Pedro, el pescador de almas, y yo de José el carpintero”.

El Sillón de Malvinas partió de inmediato para Las Islas, siendo repatriado a los pocos días, antes de la caída de Puerto Argentino junto a algunos trofeos de guerra como banderas que permanecen en el Museo de Malvinas de la Escuela de Aviación Militar de Córdoba.

Que Córdoba, La Rioja y la Argentina entera nunca te olviden.

PH: cortesía Karina Roxana Fiore

PH: cortesía Karina Roxana Fiore