En esta columna de literatura, Sofía Bracamonte nos invita a releer un clásico de la literatura argentina del siglo XX, Rosaura a las Diez, de Marco Denevi, leído en las escuelas secundarias desde los años sesenta. Preparate para revisitar este libro “que todos leímos en la escuela”.

Escribe: Sofía Bracamonte

 

Al escuchar el título de esta novela, todos tenemos reminiscencias, o mínimamente nos suena de algún lado. Dos generaciones de argentinos la vienen leyendo medio por obligación al principio y luego por puro deleite, puesto que es una obra genial.

Comienza de forma candorosa e incluso inocente con una mujer mayor, dueña de una posada (“La Madrileña”), que relata los extraños sucesos que comenzaron “hace seis meses atrás” en su casa de pensión, cuando a uno de sus pensionistas, el enclenque Camilo Canegato le llega una carta de amor.

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Esta historia misteriosa, se desarrolla en la voz de 5 personajes, que declaran frente al inspector Julián Baigorrí. Cada uno de los declarantes va comentando su visión, su perspectiva sobre lo que ocurrió con Rosaura y Canegato. La estructura está tan perfectamente construida que el lector sólo podrá re armar la historia en el último párrafo del último capítulo. El suspenso, carente de acción a lo policial en el sentido estricto del término, pero la tensión al fin, nos mantiene en vilo hasta el final. Comienza como una historia, pero progresa y se desarrolla hasta convertirse en algo completamente opuesto a lo que creíamos que era el tema principal.

Sin dar mayores adelantos en el argumento de la novela, cabe afirmar que en ella se tocan temas que luego serán obsesión de Denevi durante todo el desarrollo de su bibliografía: el amor ideal, la sustitución de identidades, los espacios intermedios entre lo real y lo onírico.antiguo-libro-novela-rosaura-a-las-diez-marco-denevi1961-11359-MLA20042148101_022014-F

“Rosaura a las Diez” ganó el “Premio Kraft” en el año 1955, premio otorgado por un jurado prestigioso compuesto entre otros por Manuel Mujica Láinez, un monstruo de la literatura argentina, en el buen sentido claro está. Extrañamente conseguí el ejemplar de “Rosaura…” usado en una librería de las clásicas de la avenida Santa Fé, en la ciudad de Buenos Aires, y con éste libro llevé además “Bomarzo” de “Manucho”: el destino y la literatura son muy extraños. Pero más allá de las anécdotas personales, mi experiencia con este ejemplar ha sido súper placentera y recomendable para un público adolescente y adulto. Es una novela plena de matices, que se van develando progresivamente, que no nos deja aliento, que nos tiene pegados a la silla tratando de saber qué pasó realmente, y que nos sorprende hasta la última página. Es merecidísima la fama que alcanzó de clásico argentino, y seguramente con muchas revisiones el lector irá encontrando cada vez más pistas que en una primera lectura voraz pasaron de largo.

Marco Denevi

Marco Denevi

Cuando Marco Denevi ganó el premio, nadie podía creer que este abogado ignoto, que trabajaba en un banco con sus 33 años, fuese el autor. Posteriormente él refirió sobre su libro: “Rosaura a las diez es mi primer libro; su primer párrafo, mi primer párrafo; la palabra con que comienza, mi estreno como (¿cómo decirlo?), como “ejercitador de las letras” (la expresión es del apócrifo Mairena). La obra nació, conforme lo quería Martí, de un acto de amor. Escribirla fue un quehacer premioso, gozoso, doloroso, sin pausas. Y puro, porque entonces hallaba en sí mismo toda su razón de ser, sin preocuparse por su ulterior destino. Apenas terminado, su goce y su dolor se hicieron irrecuperables y de ambos no sobrevivió sino una transvaloración de orden espiritual. Que tal es, cabalmente, lo que le ocurre a todo auténtico acto de amor”.

“Rosaura a las diez” fue llevada al cine, con la dirección de Mario Soficci, en el año 1958. Adaptación para la cual contó con el aporte en guión del mismo Denevi y prestigiosísimo elenco. Éste film con el tiempo se convirtió también en un film de propia valía en la cinemateca argentina. Esto nos da la pauta de que contamos con una historia brillante, fuerte, que sobrevive cualquier transformación y formato artístico. Es por esto que es necesario re-visitarla, re-leerla una y mil veces: una tradición en los secundarios, un clásico de por vida.