Pedro Molina falleció el domingo 2 de agosto de 2015 a los 80 años. El artista plástico, último de la estirpe Calibar, deja tras de sí una vida dedicada al arte y una vasta obra, principalmente en grabado. En esta, una nota realizada en Junio de 2010 por Norma Ceballos, Molina dibuja pequeños retazos de su infancia en Aimogasta que hicieron de la realidad un ejercicio de imaginación y recuerda la ayuda de grandes colegas que le impulsaron en su búsqueda autodidacta.

Por Norma Ceballos

Pedro Alberto Molina es uno de los más grandes grabadores riojanos reconocidos en el país e internacionalmente. Sus obras pueden encontrarse en tanto en latinoamericanos como en Europa. Vivió en España perfeccionándose en litografía y en grabado calcográfico en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (Madrid). Su inspiración artística lo ha llevado por variados registros y técnicas en pintura y los temas de sus obras muestran una inagotable fantasía que está unida a la realidad de sus vivencias.

“Nací en el barrio San Vicente, algo muy premonitorio porque de ese barrio riojano salieron grandes artistas; músicos, escritores, poetas y chayeros de alma”.

Foto: Ignacio Quintavalle

Foto: Ignacio Quintavalle

Su niñez la vivió en Aimogasta, “un pueblo que en esos tiempos no tenía luz ni calles asfaltadas”, menciona Molina, dibujando a la orilla de arroyos en la arena. Nadie le enseñó o lo motivó para que su arte comenzara a fluir. “Comencé a dibujar lo que vivía desde muy niño; en esos tiempos los viejos nos hacían tener miedo con el “enano de la siesta”, “el alma mula” y otras cosas que fueron marcando mi infancia. También en una oportunidad divisamos como un ala delta, que en esos tiempos nadie se atrevía a pensar que podía ser. Hoy quizás se piense en un ovni. Todas esas vivencias hicieron que mi niñez no tuviera límites entre lo real y la fantasía. Hasta el día de hoy mis obras tienen algo de fantasía”.

“El grabado ha sido mi expresión más vital aunque aprendí a dibujar y pintar al óleo copiando un compendio de Miguel Ángel que llegó a mis manos antes que comenzara la escuela secundaria en Aimogasta. Me jactaba de ser autodidacta, pero creo que siempre alguien estuvo ayudándome a seguir creciendo en el arte. Recuerdo que recibí mis primeros lápices de colores y papeles franceses de la mano de un grande: Leopoldo Torres Agüero, y ya viviendo en La Rioja conocí a Ariel Ferraro, quien me sacó las telarañas de la cabeza.

“Todas esas vivencias hicieron que mi niñez no tuviera límites entre lo real y la fantasía. Hasta el día de hoy mis obras tienen algo de fantasía” – Pedro Molina

Me di cuenta que ser autodidacta es tener patas cortas, es hacer lo que se puede; mientras que si se estudia a los grandes pintores y las distintas técnicas que usaron ellos, uno tiene otra visión de lo que siempre estuvo en uno. Para mí se autodidacta es no saber nada”.

Su formación académica comenzó en la Universidad Nacional de Córdoba continuó en Tucumán en el Instituto Superior de Artes de la Universidad de Tucumán. “Grandes profesores de Buenos Aires y de otros países crearon, gracias al presidente Perón, un centro de cultura muy importante en el noroeste argentino como lo fue el Instituto Superior de Arte; luego el mismo peronismo, en el 55´, obligaba a ser afiliado al partido a los profesores y eso hizo que muchos se fueran o no siguieran adelante con la docencia”.

Pedro Molina acepta todos los cambios del estilo dentro de las expresiones artísticas: “siempre han existido estas corrientes; por ejemplo el arte efímero ha existido siempre, basta ver las carrozas de Florencia, en Roma, o los hermosos cuadros de flores y semillas de Tilcara, que se hacen para Semana Santa; viene un viento y se lleva todo el esfuerzo en un segundo. Lo que pasa es que hoy hacer arte efímero es burlarse de los valores que nos acompañaron siempre”.

Foto: Ignacio Quintavalle

Foto: Ignacio Quintavalle

– ¿Está planificando el comienzo de una obra?

En los años 50´ pensaba que la obra tenía que estar totalmente terminada en la cabeza. Con el tiempo me di cuenta que lo que decían los grandes genios era verdad; una gran mancha escondía una gran obra.

-¿Cómo es su vida hoy?

Vivo solo y la libertad es algo genial; como cuando quiero, trabajo cuando quiero y duermo cuando quiero. Solo siento la soledad cuando estoy enfermo y no puedo llegar al teléfono para avisar cómo me siento. He sido muy feliz, siempre digo que la felicidad del hombre está en hacer lo que uno quiere y siempre hice en la vida lo que sentí en mi interior.