Manuela Calvo es estudiante avanzada de Comunicación Social conocedora tanto de los primeros años años como de los últimos. Hoy, convertida en una destacada comunicadora por mano propia, Calvo nos brinda su opinión sobre aquello el primer amor por la comunicación, los retos y dificultades de los años más duros del tellismo y la frustración frente a lo que percibe como contenido académico obsoleto.

Escribe: Manuela Calvo

Mientas corremos a contrareloj organizando nuestro cuarto evento TEDx en La Rioja, recibo un mensaje Julio invitándome a escribir una columna sobre lo que significan estos 20 años de la carrera. Cualquier persona práctica priorizaría este objetivo inmediato, pero si entré a esta carrera el siglo pasado y aún mis conocimientos no han sido acreditados, es evidente que lo práctico jamás fue una prioridad.  Pero como la pasión por compartir ideas si lo es, no podía dejar de hacer lo propio y comunicar este sentimiento.

El tiempo pasa y nos vamos poniendo tecnos, diría Luca mientras nos cuenta como mutan sus sentimientos.

Quienes no la conocen bien por lo general la prejuzgan y reducen sus rasgos más potentes sin llegar a entender todo lo que se pierden. Ella no es la más atractiva de una fiesta, no es voluptuosa, ni tiene la fama de otras, pero esconde un mundo interior infinito que regocija a curiosos que abrazan el desafío de tratar de entenderla. Reducirla a un oficio es un escarnio  que muchos cometen por ignorancia. Ella es compleja, y puede ser desconcertante para quienes confundieron austeridad con simpleza, y lo más difícil de todo es seguirle el ritmo frenético con el que avanza.

Fotos: cortesía IPA UNLaR

Fotos: cortesía IPA UNLaR

La Licenciatura en Comunicación Social para mí fue amor a primera vista, ya ni cuento los años, pero era el siglo pasado cuando la conocí en la escuelita cordobesa, y todavía seguíamos en 1900 y pico cuando continuamos esta relación en la UNLaR. Para muchos estudiar esta carrera en la provincia vecina significaba una formación más prestigiosa, pero para quienes fuimos parte de aquellas abarrotadas clases en la Sala José Luis Cabezas, sentarse en la cantina a charlar con docentes como Von Sprecher, Liberati o Lemos Morgan era un genuino privilegio.

Pero hay quienes están casados hace décadas con esta carrera, hay quienes tienen relaciones abiertas con ella,  muchos la ultrajan sin reparar en lo que ella tiene para dar, y otros, como yo, estamos en una relación complicada.  Si alguna vez te enamoraste en serio de la Comunicación Social, es muy difícil que esa pasión se desvanezca, pero es muy probable que ese desfasajes entre expectativas, entusiasmos no correspondidos y demandas insatisfechas te hayan llevado a sentimientos amargos, al menos con todo lo que la personifica y no la representa en esencia.

Fotos: cortesía IPA UNLaR

Fotos: cortesía IPA UNLaR

Hace 15 años algunos peleábamos con nuestros compañeros por hacerles entender la gravedad que implicaba para nuestra carrera que aquellos docentes que expresaban ideas diferentes al status quo reinante, fueran separados de sus cargos. Nunca pude borrar de mi mente aquellas tristes caras de esos compañeros que trataban de convencernos de que la prioridad era rendir materias y obtener la acreditación, por lo que los alumnos de los primeros años debíamos obedecer las decisiones de quienes estaban más próximos a recibirse por ser estos los que corrían más riesgos ante las reiteradas amenazas del cierre de la carrera. Pero junto con esos rostros llenos de resignación, siempre contrasta el de un docente emocionado hasta las lágrimas al ver a un grupo de sus alumnos que a pesar de amenazas y hostigamientos, consideramos prioridad  el reclamo de la excelencia académica y la libertad de pensamiento.

Pero sobre todo somos la esperanza de lo que podemos ser tras una toma, somos la intención de ser mucho más de lo que fuimos porque recién hoy empezamos a ser conscientes de todo lo que no nos estábamos permitiendo ser.

Apenas iniciaba este siglo cuando 12 alumnos partíamos a Chilecito a absorber una cátedra dictada con ojos brillosos, a aprender lo más valioso que nos puede enseñar esta carrera y a entender para siempre que nuestra rol social no es priorizar nuestra agenda, sino la de aquello que necesita ser dicho con urgencia poniendo siempre lo colectivo por sobre lo individual.

Fotos: cortesía IPA UNLaR

Fotos: cortesía IPA UNLaR

Desde hace años las autoridades de la UNLaR a través de sus políticas laborales intentan formar generaciones de comunicadores obsoletos, que aprendan a alinear sus ideas a las de quienes gobiernan a cambio alcanzar fines prácticos individuales. Somos lo que quedo luego de aquellas exclusiones a disidentes y entrenamiento de aplaudidores, el resultado de un sistema en donde las acreditaciones pesan más que los conocimientos, pero menos que los acomodos endogámicos, somos aquella resistencia que al fin se levantó con 15 años de desfasaje, somos la esperanza de lo que puede emerger tras una toma, pero sobre todo somos la esperanza de lo que podemos ser tras una toma, somos la intención de ser mucho más de lo que fuimos porque recién hoy empezamos a ser conscientes de todo lo que no nos estábamos permitiendo ser.