Sofía Stoller aprovecha la charla brindada por la poetisa Silvina Chacón a los estudiantes de Letras de la UNLaR para reflexionar no solo sobre “Un Buitre en mi mesa”, el libro de poemas de Chacón, sino sobre el arte de la poesía en sí misma y el significado personal que tiene para ella.

 

Escribe: Sofía Stoller

La veo entrar, llegando  tan simple, tan pequeña, tan callada. Sabía que era una escritora que hace poco había publicado un libro de poesías, sabía además que se debía hablar sobre poesías. Era una mañana fría terminando mayo, empezando ya la mitad de este año.

Silvina Chacón habló con los alumnos de primer año de la Lic. de Letras de la UNLaR sobre la experiencia de escribir “Un buitre en mi mesa”, su primer libro, y contarnos su experiencia.

13401345_10208763708305238_64561241_n

Silvina Chacón

Me hundo yo mismo en el abismo de la naturaleza” esa pequeña persona que se asomaba en la penumbra de un salón frio de pronto comenzó a brillar con sus pensamientos, las profundas ideas acerca del vivir cotidiano, la inspiración, el amor por las letras, el vacío y sinsentido de la muerte, “Se agita en cada despedida el pulso de la muerte”, dice; con nostalgia me llevo a pensar en cada despedida que hacemos con el fin de irnos, pero que arrastra el pesado silencio de querer quedarnos eternamente, y que ese adiós no debía ser dicho, no quiso ser dicho y nunca debería haber existido.

“¿Qué es poesía?”, pregunta. Suspiros, silencios, vacíos inauditos en nuestros corazones, se sintió la ignorancia del sabernos pequeños ante una pregunta filosófica como esa. Pienso en todas las poesías que han sido expresadas a través  de una lagrima, una silenciosa lagrima… ¿Qué es poesía entonces? Y cita a Bécquer: “¿Qué es poesía?, dices mientras clavas/ En mi pupila tu pupila azul.// ¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?/
Poesía eres tú.”

¡Bécquer expresa que poesía es ese otro a quien uno ama…! Y la poeta nos dice: “pero… ¿¡Qué eres tú!?”, y yo me atrevo a decir: “un arte”, y vuelve a preguntar: pero… “¿qué es el arte?”,  y le digo un poco en juego, un poco en duda, un poco con el sabor dulce de continuar este intercambio de palabras “en este caso, podría ser un arte humano”.

La poesía, es expresar “nuestras nadas con ruidos sonoros” dejar que surjan y vivan los sentimientos, permitir que las palabras se materialicen y suspendan en el tiempo, “las nadas por el viento”, dijo Silvia, pero como nada surge de la nada “siempre está la resonancia o la voz latente de tu inspiración” con el deseo de que “lo que uno escribe puede ser un granito en la cadena de la naturaleza”.

Comprendí que hay silencios que producen hastío e incluso odio, pero también que hay silencios que golpean el corazón y gritan manifestándose en ecos sonoros en el interior. “Cómo cuando se abre la flor y revela el corazón que no tiene”, recordó recitando una frase de Alejandra Pizarnik

Su poesía es infinita y oscura, y si confieso algún límite que en ellas hallé –o imagine- fueron los filos que contienen los márgenes de las hojas de su libro “Un buitre en mi mesa” esos márgenes pueden lastimar fácilmente las yemas de los dedos curiosos que juegan acompañados del entusiasmo de pasar cada hoja pidiendo más, pero que al lastimarse con el filo de su borde, sangran ensuciando cada página, haciendo que de repente una gota roja recorra el papel paseándose como si nada entre las frases hasta trazar un camino que algún lector en algún futuro no tan distante, haga de esa mancha, una parte de la estética del libro. Ese lector créame,  no se sorprenderá.

Silvina habla de la muerte, del sentido de las existencias, -o de la suya- y de la capacidad de poder ver el mundo que nos rodea, teniendo presente la finitud que nos acecha cada segundo y que el no poder ver la realidad como es… desgarra. “La poesía no se alcanza como nada se alcanza”, y -nosotros agregamos- con el paso de los días se desintegra, para renacer nuevamente como el pájaro de Minerva que levanta vuelo en el crepúsculo del anochecer.

DSC_0023

Fuente: sumadepoetas.blogsport.com

El texto poético alienta a preguntarnos cuestiones como: ¿por qué vivir? ¿Por qué entregarnos a amar? ¿Por qué confiar en los instintos efímeros?

Sabía que esta charla, iba a ser -o tal vez ya lo era- desde el primer instante que entró al salón un alterar la quietud de la pasividad que solo produce el frio, y uno busca una cama, el café caliente y su libro preferido; pero su brillante creatividad e inteligencia se expresó en cada idea, cada idea un diamante, cada diamante un éxtasis de conocimientos nuevos en nuestras cabezas. Entonces: como no describir ese momento, este encuentro en la plenitud de la existencia: Silvina estaba escribiendo en nuestras historias un momento de poesía…

“Difícil encerrarse en la torre de marfil cuando en el mundo pasa lo que pasa” –dijo-, queriendo expresar que hay que animarse a escribir poesía, sacar lo que uno lleva en su interior y darle una conclusión, porque “uno publica para dejar de corregir”.

DSC_0067

Fuente: sumadepoetas.blogsport.com

Ahora entiendo: la poesía germina en todos lados, florece en unos ojos una mañana de septiembre, florece en las manos arrugadas de la abuela, florece en la sonrisa de una madre, en el llanto de un recién nacido y también florece en tus labios…

La poesía es la inspiración para recordar aquellos efímeros gestos de un tiempo pasado, que todavía arrastra reminiscencias, con el sabor agridulce de que aún viven en nuestras almas y no han sido olvidados.

Me queda: la poesía nace y muere al instante, nace y muere, nace y muere… nace y… mue…

 

Sobre la Autora

Silvina Chacón es oriunda de San Juan pero hace más de 20 años que está radicada en La Rioja donde actualmente se desempeña como docente de Letras en el profesorado Albino Sánchez Barro. Además de “Un Buitre en mi mesa”, Chacón publicó un trabajo sobre ortografía con la Licenciada Isabel Mércol.