El martes veintidós de marzo nos dejó su última copla Jacinto del Rosario Duarte, el “Tata”, y partió a unirse con sus mayores -Oyola, Carballo- en la gloria carnavalera. Nos ha dejado el último de los grandes chayeros que a puro golpe de caja hizo grande la tradición de nuestros febreros. No es casual que se lo llevara el otoño junto a las últimas cenizas del carnaval, y por eso lo homenajeamos con esta nota que rescatamos de nuestra memoria*.

Todos los años su casa se viste de fiesta para recibir el espíritu del carnaval. Jacinto del Rosario Duarte, (78) rebautizado como “el Tata Duarte”, sabe que albahaca y harina no han de faltar. La chaya riojana convocará a los amigos de la vida de este chayero de ley, con su caja y sus coplas que parecen fluir desde los recuerdos. Tiene muchos amigos y “cada chango me ha hecho una canción”, recuerda a Pancho Cabral cantando desde Francia: “si ese bombito no suena, y solo sabe llorar, llevalo p’al Tata Duarte, con duendes lo ha de arreglar, si ese bombito no suena y solo sabe llorar”.

Otro gran amigo del Tata ha sido José Oyola, “hombre correcto y honesto; sabía venir con el doctor Romero Páez, Hugo Román y el “negro Kelo” Romero a chayar. Sabía recitar “Romance a Huaco”, un tema muy bonito que se me grabó y siempre le pedía que lo recitara.

PH: Santiago Ruiz

PH: Santiago Ruiz

Con Quito Carballo instalaron la primera carpa o peña de los riojanos en Cosquín. “Parábamos en la casa de mi hijo “Nene” y a la noche a La Carpa de Los Duarte la visitaban muchos artistas y cantantes de distintas partes del país”.

A la cultura, a la música y a todo lo que venga de nuestros ancestros, creo que  tendría que tener el apoyo del gobierno. Antes salíamos  en delegaciones, hoy es imposible sin ayuda oficial. He visto con buenos ojos que el gobierno se ha preocupado un poco en hacer resaltar nuestras tradiciones.

La Rioja tiene muchas fiestas religiosas, como el Tinkunaco, la peregrinación a Las Padercitas o al Señor de la Peña y una de las fiestas que más alegría le brinda al pueblo es la Fiesta de la Chaya.

2-Tata-Duarte-y-sus-coplasSobre el emprendimiento en la Escuela Normal no opina porque no sabe que es lo que van a hacer, aunque no le gustaría que les sacaran las hermosas rejas. “Lindo sería que fuera un lugar para la cultura, donde todas las expresiones artísticas estuvieran, es un lugar muy lindo y céntrico, no como el Teatro Víctor María Cáceres que está alejado y a veces los turistas que vienen no lo conocen”, sostiene.

PH: Santiago Ruiz

PH: Santiago Ruiz

El Tata Duarte recuerda fuertemente a sus padres: “Mi padre era un viejo cazador de La Rioja, con muchas historias de cazador de “bichos”. Sacaban turno y le pagaban para salir de cacería con él; imitaba a todos los bichos y los llamaba, muchos decían que tenía trato con el diablo y por eso los bichos se acercaban. Solo era un hombre que se crió en el campo, con un olfato muy desarrollado y la vista y el oído, preparados de tanto vivir en el silencio del campo”.

“Mi madre era una vieja vidalera de Anguinán; y a los 12 años cantábamos, mi hermano y yo, acompañándola. Siempre cantaba mi madre, la recuerdo lavando en la batea y cantando.

Recuerdos de una infancia quizás sufrida, pero con la felicidad de recordar a sus padres por las enseñanzas que aprendió de ellos. Tata Duarte nos despide con una copla que siente desde el corazón:

“Las coplitas que yo canto, no son de casualidad, me la ha enseñau mi tierra, yo soy mensaje nomás. Se me vuelve pena un canto, se me hace canto el andar, por eso imito a los vientos, viva mi Rioja velai. De los altos minerales bajó una paloma el agua, no alumbra el sol ni la luna, pobrecita mi fortuna. Aquí estoy porque he venido, porque he venido aquí estoy, no llores negra porque me voy. Cantando solo no hay que llorar, si no le gusta mi copla, como he venido me voy, no llores chango porque me voy. Cantando solo no hay que llorar, andando solo no hay que llorar”.

 

*Nota publicada en Revista Random Nº 37. Febrero de 2011