Patti Smith es la dama del Punk, tiene un lugar indiscutido en el panteón de los artistas más influyentes en la cultura y en el rock and roll de los últimos 40 años. Pero no siempre fue la “madrina”, también fue una niña y una mujer joven luchando por sus sueños. “Éramos unos niños” cuenta su camino y el de su inseparable pareja y amigo, el controvertido fotógrafo Robbert Mapplethorpe.

 

Escribe : Sofía Bracamonte

mapplethorpe-hbo“Éramos unos niños” es un libro documental en clave de memorias que publicó Patti Smith en el año 2010, y ganadora del “National Book Award” el mismo año. El plural del título tiene relación con el co protagonista de estas páginas evocativas: Roberth Mapplethorpe, y el lazo indestructible que compartieron por décadas desde que se conocieron en las convulsionadas calles de Nueva York a finales de los años 60.

“Éramos unos niños” comienza con la evocación de la infancia de la autora, con memorias detalladas y exquisitas, donde muestra los hechos principales que cimentaron su carácter y forjaron sus sueños artísticos: los juegos, el ansia de leer, su rebeldía, su cuestionamiento a las normas impuestas y también el amor y el cariño familiar, la pérdida de la fe y los primeros dolores de la niñez. Y comienza a tejer aquí la relación con Robert, con quien se conocerían años más tarde, aunque parecían destinados a hacerlo. Se narra la pérdida de la inocencia, el embarazo no deseado y la posterior adopción del hijo de Patti por una buena familia; la vida como obrera de fábrica en una ciudad a punto de quebrarse, sin posibilidades de empleo ni evolución y la decisión irrevocable de ser artista e ir a hacerlo en la meca cultural del mundo Occidental: Nueva York. Una vez en la gran manzana, todos los planes fallan y su capacidad de supervivencia y tesón son puestos a prueba y es en las duras calles donde Robert y Patti finalmente se conocen. Se reconocieron similares en espíritu y en pobreza y en adelante comienzan a caminar juntos y ya no se separarían sino hasta dentro de muchos años más.

patti-smithEl sueño que querían vivir difícilmente coincide con el “sueño americano” tan mentado, sino más bien el sueño de vivir el arte, de darlo todo por el arte, y para ello literalmente pasaron hambre, trabajaron de cualquier cosa, pero jamás dejaron de producir. Esta obra es fundamental para comprender como se “construye” un artista, para Patti y para Robert fue más tesón y trabajo que la suerte de cualquier aliento o inspiración mística (aunque estos momentos no estaban del todo ausentes). Patti es objetiva: el sueño americano como tal no existía o al menos había fracasado: estaba la guerra, el desempleo, el final de la generación hippie, jóvenes muertos en universidades, grandes referentes también perdidos antes de tiempo. La perspectiva y sabiduría de la cantante son precisos para comprender lo que sucedía en aquel momento.

Los compinches viven juntos en cualquier condición y su lazo se volverá indestructible contra cualquier contingencia. Ambos viven en un estado de asombro compartido, de placer y de alegría sin saber o sin preocuparse en lo que les depararía el futuro. Robbert pintaba y dibujaba obsesivamente. Patti, escribía sin parar. Ninguno de los dos comenzó con la expresión artística que los volvería referentes culturales posteriormente, pero la historia de esa búsqueda es por demás interesante. Luego, sobrevienen los quiebres, Mapplethorpe explora su sexualidad, los límites, lo prohibido. Y Patti, viaja y consigue convertir su convulsa poesía en canciones. Los dos pelean hasta el final por hacerse un lugar, y el lugar llega para los dos. El relato se corta justo en el momento en que sale el primer álbum de Patti Smith, “Horses”, y el éxito está a la vuelta de la esquina; y vuelve para relatarnos los últimos momentos de Robert, y su muerte por complicaciones derivadas del SIDA en el año 1989. “He vivido para el amor, he vivido para el arte”. Así le gusta resumir a Patti la vida de su inseparable cómplice en el momento en que abandonó esta Tierra,

04PATTIWEB-superJumboPatti emplea un tono evocativo pero sereno, lejos de la elegía acartonada o llorosa del “todo tiempo pasado fue mejor”. Además, se centra específicamente en el camino que recorrieron con Mapplethorpe hasta encontrar su voz y su expresión artística principal, no perdiendo el foco en “grandes revelaciones” o chismorreos que pudieran arruinar el ambiente que ella logró recrear. Se dijo mucho sobre la personalidad, vicios, idas y vueltas de Mapplethorpe, pero Smith se aleja completamente de eso: para ella él siempre fue el dulce muchacho del que se enamoró, aunque no era ciega a su viaje personal y no dejó de apoyarlo nunca “aunque no entendiera la brutalidad” de algunas de sus producciones. Ella decide rescatar esta faceta de Mapplethorpe como creador, como amante, y como ser humano. Y cómo el amor logró que ambos superaran situaciones que parecían límites y aun cuando estuvieran en relaciones con otras personas. Nada en ellos era convencional pero ya lo decía el maestro Borges: “Enamorarse es producir una mitología privada y hacer del universo una alusión a la única persona indubitable”. Patti Smith lo logró con “Éramos unos niños”, aquí está su mitología doméstica, que muy bien contada recorrió el mundo.