Seguro que mucha gente conoce el libro De qué hablo cuando hablo de correr, de Haruki Murakami, un libro que todos (o casi todos) los que corren deberían leer.

De qué hablo cuando hablo de correr es un libro de vivencias en el que Murakami nos habla tanto de su condición de corredor como de su vida como novelista: de cómo llegó a ser ambas cosas después de esfuerzo y renuncias y no a una edad temprana. En cuanto al running, que es lo que más nos interesa, comienza hablando de sus primeras carreras, se centra en su preparación para la maratón de Nueva York y cierra con su participación en un triatlón.

Las frases de Murakami que pueden inspirarte:

“Para los proyectos a largo plazo, eso es lo más importante. Una vez que ajustas tu ritmo, lo demás viene por sí solo. Lo que sucede es que, hasta que el volante de inercia empieza a girar a una velocidad constante, todo el interés que se ponga en continuar nunca es suficiente”

Murakami lanza esta reflexión para referirse a sus comienzos como corredor pero también como novelista. La constancia en los entrenamientos (y al escribir) es lo más importante cuando estamos comenzando. Una vez que correr pasa a formar parte de tus hábitos diarios, de tu día a día, tienes la mitad del trabajo hecho.

“Lo importante es ir superándose, aunque solo sea un poco, con respecto al día anterior. Porque si hay un contrincante al que debes vencer en una carrera de larga distancia, ése no es otro que el tú de ayer”

Esta frase me gustó por ser lo que caracteriza a los corredores populares. Oye, que ya sabemos cuando estamos en la línea de salida de una carrera que no vamos a ganar (aunque muchas veces personas ajenas al running nos sigan preguntando al terminar que si hemos ganado algo), pero lo que realmente cuenta es hacerlo un poco mejor que la vez anterior.

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“Al poco de empezar a correr no podía enfrentarme a distancias muy largas”.

Esto es importante para los que han comenzado a correr hace poco y ya están pensando en el Ironman. Tranquilidad y buena letra ante todo. No quememos etapas solo porque “mi vecino ha corrido un ultraman”.

“La parte más dura del maratón llegó una vez superados los treinta y cinco kilómetros”.

Esto te interesa si, como yo, te vas a enfrentar por primera vez a la maratón dentro de poco. De ninguna manera una maratón es “como dos medias maratones”. Escucha a los que ya han corrido esa distancia e infórmate sobre lo que le puede ocurrir a tu cuerpo cuando llegues al muro para, por lo menos, ir sobre aviso. Los calambres, el cansancio, el dolor… forman parte de una maratón, tenlo claro.

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“Solo había pensado en la distancia, sin plantearme lo de la temperatura”.

De este tema habla Murakami cuando relata su primera carrera de 42 kilómetros, de Atenas a Maratón, además en solitario y en verano. A la hora de correr cualquier distancia hay muchas cosas que tener en cuenta, entre ellas la temperatura y el grado de humedad con el que vas a correr para evitar sorpresas desagradables. En serio, correr no es solo correr.

“Sin embargo, poco después de dejar de correr, todo lo que he sufrido y todo lo miserable que me he sentido se me olvidan, como si jamás hubieran sucedido, y ya vuelvo a estar decidido a hacerlo mejor la próxima vez”.

esto lo dice después de contarnos que esa primera maratón en Grecia fue un infierno en el que terminó lleno de ampollas por todo el cuerpo fruto del sol abrasador. Y es cierto que, en la mayoría de los casos sucede esto: mientras estás corriendo sufres y estás deseando que se termine. Pero en cuanto cruzas la línea de meta la sensación es tan placentera, es tal el subidón de endorfinas, que en lo único que puedes pensar es en la próxima carrera.

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“Y es que razones para seguir corriendo no hay más que unas pocas, pero, si es para dejarlo, hay para llenar un tráiler”.

En cierto momento Murakami recuerda un momento en el que entrevistó a un corredor de élite y le preguntó si él también tenía días malos, de los de no querer salir a entrenar. Todo el mundo, independientemente de su nivel, pasa por estos mismos momentos, me resulta reconfortante. No sos el único que sale a correr a pesar de que no tengas ganas para cumplir con el programa: concéntrate en aquello que te impulsa hacia adelante.

“Y me esforcé en aislarme y en reducir todo lo posible el mundo que percibía en esos momentos”.

Esta frase la dice Murakami cuando habla de su primera carrera de ultradistancia, cuando siente que ya no puede seguir avanzando porque le duele todo el cuerpo. Correr con la mente en blanco, sobre todo cuando hay dolor, no es nada sencillo: concentrarnos únicamente en ir poniendo un pie delante del otro y en seguir avanzando puede ser una buena opción para continuar adelante.