En ocasión del festejos por los 20 años de la Licenciatura en Comunicación Social de la UNLaR, llevados adelante durante los últimos días de octubre de 2015, la ex docente de la carrera, Magister María Rosa Di Santo, reflexiona en esta columna sobre el reconocimiento y pedido público de disculpas de la Universidad tras 15 años de su despido durante el régimen de Tello Roldán. Sus recuerdos de esos días aciagos y las impresiones durante el homenaje a los docentes fundacionales.

Escribe: María Rosa Di Santo*

El miércoles 21 de octubre concurrí a la Universidad Nacional de La Rioja por primera vez después de más de 15 años. Desde que un cajero automático me anunció que había sido despedida, en enero de 1999, y que en ese año, por gestión de un alumno, me recibiera un segundo del decanato de Sociales para objetar que estuviera haciendo una maestría en la “izquierdista” FLACSO, nunca más pude volver.

Seis meses de depresión; lo que en aquel momento creí una opción frustrada por la investigación científica; los cinco años dedicados a pensar la carrera y armar su plan con otros colegas, estudiar y dar clase y abrir una línea de investigación junto a mi gran maestro, Roberto von Sprecher, no me dejaban trasponer la suntuosa reja de aquella universidad medieval. Una institución que, como ninguna, representaba lo que es este país nuestro tan diverso, tan desigual, tan polarizado que ni unos ni otros nos reconocemos sin dificultad.

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Fotos: cortesía IPA UNLaR

Muy poco tiempo después mi compañero de la vida, Arturo Ortíz Sosa, siguió mi mismo camino. Un par de años más y mucho manoseo institucional en el medio, hizo lo mismo Roberto. Y así varios más, como Sebastián Peña y Alberto Perona.

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Fotos: cortesía IPA UNLaR

Y esta semana volví. Se cumplían 20 años de la apertura de la licenciatura. Los docentes que nos invitaban habían sido nuestros alumnos. La directora de la carrera, Leila Moreno Castro, me conmovió cuando reconoció que la toma que democratizó la universidad en 2013 tuvo que ver con la memoria de lo pasado quince años antes y con la conciencia de que si no se salvaban entre todos, no habría salvación para nadie.

Y, debo reconocer, me satisfizo que el rector actual, Fabián Calderón, nos pidiera disculpas en nombre de la Universidad porque es cierto que existió el dolor, el profundo sentimiento que uno tiene que superar de que nada vale realmente la pena si los esfuerzos por la libertad de pensar y expresarse son solitarios y naufragan en la indiferencia del resto.

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Fotos: cortesía IPA UNLaR

Roberto me decía “algo habremos hecho para que esta noche nos mencionen tantas veces”. Capaz al final pudimos lograr lo que nos propusimos, aún sin decirlo nunca, porque hay cosas que no hace falta expresar: educar consiste en abrir cabezas, en romper estructuras mentales, en pensar y hacer pensar, en disparar pensamiento, en brindar condiciones de posibilidad para la creatividad, en ser rigurosos y sistemáticos en la producción de conocimiento para que no haya más Tellos Roldán, para que a los imbéciles que aman el boato y ejercen el poder como si fueran los dueños de tus vidas por lo menos les sea un poquito más complicado creerse dioses. Y porque, la verdad sea dicha, somos los de abajo los que sostenemos a los de arriba.

*Licenciada en Comunicación Social (UNC 1986) y Master en Sociología y Ciencias Políticas (FLACSO 2005) Docente en los Institutos Otto Krause y Alberto M. Crulcich Corresponsal Agencia DyN en La Rioja Ex integrante del equipo técnico de la DGES entre 2005/08. Integra el equipo de Innovación e Investigación Educativa desde 2011