Si hubieran sido otros los músicos, si hubieran sido otras las condiciones, si el público no hubiera acompañado, si las circunstancias, si los detalles, si los accidentes… Si el show hubiera proseguido sin incidentes, hoy no estaríamos hablando de la presentación de Lisandro Arsitimuño y Raly Barrionuevo el pasado domingo en El Parque.

O seguramente escribiríamos sobre el desastre que significó que un show de $400 y con más de 200 personas sufriera un imprevisto corte de luz, no una sino dos veces durante una de las noches más frías de este invierno riojano.

Pero lo que pasó trasciende las palabras y entra en el ámbito de las emociones, porque es difícil explicar lo que ocurrió cuando uno queda boquiabierto ante la magia de dos artistas, que se sacuden un inconveniente y se meten al público en el bolsillo con improvisación, buena onda y el amor por su trabajo. Sin dudas, La Rioja le dio al tour de Hermano Hormiga una anécdota que contar cuando todo este dicho y hecho.

14232472_1045072915592061_5153753964772187982_nLo que ocurrió este domingo 4 de septiembre fue que nos dirigimos a El Parque, un espacio cultural/ bar/ restaurante/ lugar lindo bajos los cerros, que se encuentra en la ruta de la quebrada rumbo a Sanagasta, para escuchar la presentación de Hermano Hormiga. Se trata del proyecto colaborativo entre el rionegrino Aristimuño y el santiagueño Barrionuevo, quienes hace mucho vienen pegando onda y buena química.

Si bien ambos artistas manejan ideas y géneros similares, el punto de encuentro de esta gira es el folclore, al que Aristimuño se aproxima desde un pop indie y Rally, siendo local, impregna con algo de rock. El espectáculo mezcla algunas canciones propias con bastantes covers de artistas de todas partes. En nuestra opinión, un repertorio que nos dice mucho de las inspiraciones y los gustos en común de los artistas pero nos deja a la expectativa de lo que podrían haber creado en conjunto.

El show debía comenzar a las 21:30, pero una hora después todavía se hacía esperar entre algunos inconvenientes para calibrar consolas y ubicar a los asistentes en el salón de El Parque. La bebida y la excelente comida (desde sánguches y lomitos hasta locro) nunca dejaron de salir de la cocina, activa toda la noche. Inesperadamente, Barrionuevo y Aristimuño pasaron como un rayo entre la gente sentada para ubicarse en el pequeño escenario sobre el extremo contrario del recinto. La gente aplaudía con anticipación. La mayoría demostraría ser fieles seguidores.

14199726_1045072912258728_1053710580497300115_nA lo largo del show se interpretaron temas de Raúl Carnota, Silvio Rodríguez, el Chango Rodríguez (muy admirado por Raly), Juan Luis Guerra y hasta Gustavo Cerati, mechando entre medio clásicos de ambos como Chacarera del Exilio, Tu Nombre y el Mío, Como Danza la Esperanza y El Plástico de tu Perfume. Era en estos contrastes donde se notaba la originalidad creativa de Lisandro Aristimuño, especialmente en las letras, frente al folclore más tradicional (relativamente) de Raly.

Pero antes de todo eso, o mejor dicho, mientras todo eso pasaba, ocurrió un hecho que marcó la noche. Alguien me había dicho, mientras esperábamos el comienzo del show, cuan buena fue la iluminación que se proyectó sobre ambos músicos en sus primeras presentaciones en Unquillo. Eso me habían dicho y eso esperaba ver, teniendo en cuenta que esas presentaciones, las primera de la gira, habían sido ese mismo fin de semana.

14199585_1045073345592018_1545982888357863857_nAlgo se vio, pero cuando Barrionuevo terminaba de cantar la zamba De mi Madre, se cortó la luz en toda la zona de La Quebrada. Un desperfecto de EDELaR en Sangasta, el pueblo vecino, parecía dar por tierra con el espectáculo. Barrionuevo intentó levantar los susurros dudosos con una chacarera, pero al terminarla, los músicos desparecieron por donde habían salido. Justo cuando uno de los organizadores nos comentaba que los artistas estaban dispuestos a armar una ronda y tocar a pelo, volvió luz. ¡Qué alivio!

Pero no, apenas dos temas después la luz volvió a fallar, esta vez, por el resto del show. Es aquí donde se mide la devoción del artista por su público porque, sí, podrían haberse ido y justificar con fuerza mayor el descalabro. Pero he aquí que ambos cumplieron con la promesa: levantaron al público de su cómoda y cuadrada ubicación y los reformularon en una ronda cuyo vértice eran dos músicos, sentados frente a frente con las guitarras y el cancionero a su lado.

14237651_1045073115592041_7915365730643989221_nAquí empezó la magia. Los artistas comenzaron, poco a poco, a tejer su influencia sobre el público. Los manejaron con mano experta de pastor de ovejas, primero para que desistan de ver el show a través del “rec” de sus celulares y luego para guiarlos por las canciones hasta que, al final, los tuvieron mansos, a su merced, coreando las canciones con la suavidad de la seda. Ellos, los músicos, también sintieron la energía: Aristimuño levantó el puño en satisfacción, luego de una muy especial versión de El Necio, de Silvio Rodríguez. Llegó un momento en que uno no podía concentrarse en tomar más notas, había que rendirse, dejarse llevar.

Tal vez, si la gira termina en un éxito sin mayores novedades, La Rioja será recordada como el lugar donde pasó esto, donde se domó a lo inesperado. Justo en la quebrada de La Rioja, donde el agua parece inventarse por entre el granito de la montaña.