El historiador Miguel Bravo Tedín recorre en esta nota las andanzas del caudillo norteño Felipe Varela desde sus humildes orígenes hasta la derrota cumbre del Pozo de Vargas de la que hoy hacen 149 años, y polemiza luego sobre los homenajes provincianos a los restos que no son y al general que nunca fue*.

100_14882Varela desde joven se afincó en Guandacol, La Rioja, allí casó, allí formó su familia, allí construyó el único molino harinero de la localidad en el que trabajó casi 30 años y desde allí todos los años cruzaba a Copiapó arriando ganado en pie. Siempre volvía a su patria adoptiva y adonde tenía todos sus intereses, siempre y cuando su activa participación en la política de Chile y de Argentina se lo permitiera. En Chile trabajó, además como carnicero en Nantoco.

En 1852 junto con unos 500 exiliados argentinos fue bajo el mando de Crisóstomo Álvarez uno de los capitanes que encabezó esta fuerza que desde Chile pretendía coincidiendo con los esfuerzos del ejército de Urquiza, derrocar a Juan Manuel de Rosas. Hace un tiempo escribí un trabajo “La otra cara de Caseros” donde contaba que los gobernadores rosistas del noroeste argentino, entre ellos el de Catamarca enfrentaron unidos la acción de la columna que cruzó los Andes derrotándolos completamente en Manantiales, territorio catamarqueño. Pasó el tiempo y muchas fueron las tareas militares y cívicas que cumplió Varela en La Rioja y en Entre Ríos como eficaz colaborador de Urquiza. En 1866 capitaneará una importante fuerza militar que por traición y debilidad de armamento fue derrotada en la trágica batalla de Pozo de Vargas en la que fuerzas catamarqueñas junto a los santiagueños conformaron el bando rival.

Varela pasó ese invierno en Antofagasta de la Sierra, pequeña localidad por entonces boliviana, atacando el 10 de octubre de ese año la ciudad de Salta y siendo perseguido de manera pertinaz y exitosa por una fuerte columna militar mitrista dirigida por el general catamarqueño Octaviano Navarro que lo echó del país yendo a refugiarse a Bolivia y luego a Chile de donde regresaría un año después para ser derrotado definitivamente en Pastos Grandes y perseguido ya en el gobierno de Sarmiento por el entonces mayor Julio Argentino Roca.100_1484

En Catamarca a Felipe Varela se le ha hecho, desde un tiempo a esta parte, varios homenajes póstumos. En ocasión de cumplirse en 1970 el primer centenario de su muerte encargando en esa oportunidad al historiador copiapino Oriel Álvarez Gómez que encontrase sus restos mortales y los enviase a Catamarca. Tales restos no existen desde hace décadas pues un aluvión de barro cubrió el viejo cementerio de la localidad de Tierra Amarilla en Chile y lo único que rescató el mencionado historiador fueron pequeños huesos y un poco de tierra del campo santo. Luego en esa búsqueda por rescatar algo de lo que Catamarca considera su caudillo, le erigió entre San Fernando del Valle y Sauce Viejo un  horroroso monumento digno de figurar en la Antología del Adefesio Argentino y al cumplirse este año otro aniversario el 4 de junio de su fallecimiento en Nantoco se le homenajeó con un generalato post mortem que poco o nada agrega a la importante figura de este caudillo que lo único de catamarqueño que tuvo fue su nacimiento.

URNA-VARELA_23-12-2---el-ancastiEn Catamarca Varela no tuvo ni partidarios ni triunfo alguno antes por el contrario de allí surgieron muchos de sus rivales que hicieron posible la derrota del ideario federal y americano que encarnaba el coronel Felipe Varela, ascendido post mortem a general en un intento por captar algo de la significación de la lucha de toda una vida de ese caudillo mayor que tuvo a La Rioja como hogar en todo sentido y en toda su vida. ¿Cómo será el interés de los catamarqueños por conocer a Varela que hace poco tiempo mi libro biográfico sobre su vida “La Novela de Varela” tuvo el extraordinario éxito de ventas de 1 solo ejemplar, cuando en La Rioja se agotó la primera edición. Falsificar la historia y levantar falsos amores movidos más que nada por un populismo barato no es levantar la verdad de los hechos y desmentir la absoluta y total realidad de un pasado que no le da a Catamarca sino un carácter secundario en esta revaloración de alguien tan  querido por los riojanos como fue el coronel Varela, hoy ridículamente ascendido a general.

 

*Artículo publicado en Revista Random – Octubre de 2011