En esta columna de cine, Ángeles Mendoza Herrera analiza Las Mantenidas Sin sueños, opera prima de la directora Vera Fogwill: la mirada sobre lo femenino que tiene el film y como roles que en principio parecen estereotipados terminan, a partir de la incomodidad de los personajes que los encarnan, realizando un comentario de la propia condición humana.

Escribe: Ángeles Mendoza Herrera

Las Mantenidas sin sueños es una película que salió en el  2007  y es la opera prima de Vera Fogwil que trabajo junto con Martin Desalvo. Vera, aclaro, es “hija de”, de Rodolfo Fogwil, pero a ella como a su padre, talento y personalidad le sobran.

Vera actúa y escribe obras teatrales desde la adolescencia, ha actuado en cine y televisión y ha obtenido importantes premios y galardones en los distintos rubros donde se ha desempeñado. También escribió un libro: Buenos, limpios y lindos; publicado en el 2013 por la editorial Planeta.

En la película actúa la mismísima Vera como una de las protagonistas, Florencia. Todo el film gira en torno a personajes femeninos principalmente, Florencia es una de ellas, una cocainómana treintañera que se siente vacía y que no quiere hacer nada. Ella es madre de Eugenia, personificada por Lucia Snieg, una pequeña de ocho años que es hija porque así lo dice el orden cronológico y sanguíneo, pero que es más madre de su madre que hija de ella.

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big03Actúan también: Mía Maestro como Celina,  ex amiga de Florencia devenida en esposa de un empresario y madre de gemelas; concheta y bien mantenida porque ella tiene sus necesidades frívolas: manicure, depiladora, masajista, personal tráiler, etc.

Gastón Pauls,  como el padre de Eugenia, poco presente por no decir ausente por lo poco que aparece. Un fantasma de alguien que fue o de lo que creyó ser, que vive de vacaciones eternas y lánguidas.

Edda Díaz, la vecina y vieja copada de Florencia y Eugenia, Olga.  Se mantiene empastillada y sedada,  con las drogas legales y las que no también. Una mujer grande que fue ama de casa, viuda, que se muestra alegre generalmente pero que por dentro lleva una gran tristeza a causa de su soledad por el marido muerto y los hijos que huyeron de ella a Europa.

Mirta Busnelli, la madre de Florencia y por ende la abuela de Eugenia, Sara. No quiere asumir que es abuela porque se siente vieja

Elsa Berenguer, la madre del padre de Eugenia, Lola, una mujer que se queda sin nada o que quiza nunca tuvo nada.  Quiere ser abuela y no puede porque sus hijos están lejos y no quieren estar con ella.

Julián Krakov, es Santiago,  el nene bien devenido en dealer /amigo/chongo de Florencia.

Cada uno  de ellos siempre en una constante tensión con su rol. Madres que pueden ser hijas, hijas que parecen madres, vecina que se une a ellas como familia a falta de la propia, abuela que no quiere ser abuela y  se enrola como hija o marido, ausencia de vocación o vocación de nada.

Todos estos personajes siempre envueltos por la música de Babasónicos, que son la banda sonora propia y la única que la banda ha realizado para una película.

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Si bien la mirada parte de lo femenino y en ello se desarrolla, creo que hay más hasta llegar a una cuestión de la condición humana. Porque lo femenino acá es visto por mujeres de distintas generaciones, y que ninguna tiene una relación ideal o lo que el estereotipo considera ideal de sus roles. Quizá porque ese ideal de las relaciones madre/hija/abuela/amiga/vecina y padres también ausentes o no; siempre están libradas a correr distinto modo de desarrollo, sobre todo porque antes que tener un rol somos seres humanos e imperfectos, sin manuales para aprender a ser.

Acá las mujeres no son mantenidas por los hombres, la figura de la autoridad masculina no existe. Acá las mujeres son mantenidas por otras mujeres, y no solo en el sentido económico, si no afectivo, donde intentan mantener el afecto que el rol que les ha tocado debe sentir aunque les salga de otros modos: se mantienen vivas a pesar del vacío que sienten.

El film no habla desde la marginalidad o algo similar, sino más bien en una especie de no futuro que siente Florencia. Si se puede hablar de clase social, se da en que Florencia vine de una clase media alta ascendente y ella no ascendió porque no quiso, porque ese no era su anhelo.  Algo que iba a ser y no fue.

“Si bien la mirada parte de lo femenino y en ello se desarrolla, creo que hay más hasta llegar a una cuestión de la condición humana. Porque lo femenino acá es visto por mujeres de distintas generaciones, y que ninguna tiene una relación ideal o lo que el estereotipo considera ideal de sus roles.”

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Las mantenidas se maneja con una crudeza especial en las relaciones entre estas mujeres y los pocos hombres que aparecen, pero esa crudeza la hace singular, sincera, franca. Aparte la película no busca dar juicio o una lección de moral sobre estas situaciones, Vera misma en una entrevista expresa y simplifica el espíritu o la esencia del film mediante la caracterización de su personaje Florencia:

Ella no se plantea lo que representa tener otro hijo, recién cuando está a punto de parir dice que no quiere, reacciona cuando ya es tarde. Pero una vez nacido el bebé, hay un cambio, quizá temporario. Para mí fue clave contar la historia durante el tiempo de un embarazo, un tiempo femenino de esa madre que no funciona como tal, que está saliendo de una adicción por lo cual sufre una depresión aguda. Casi muerta está generando vida, ése es el gran poder de la mujer. Mi personaje no está en condiciones de cuestionarse nada. Elegí de protagonista a una mujer que está lejos del modelo de madre establecido socialmente, pero de ninguna manera quise ponerle una moraleja. Yo creo que no hay maneras puntuales de ser buena o mala madre. Cada una hace lo que puede. Mirá, mi mamá empezó a estudiar cuando yo nací, ella era modelo, actriz del Di Tella. Pensó que con tres chicos de dos padres bohemios tenía que hacer algo. Cuando era el Día del Niño y no tenía plata, iba al Botánico y nos traía un gatito… Después el animal se iba, quizás ella misma lo ponía en un lugar para que se escapara, porque en realidad no quería a ningún gato en la casa. No sé, no tengo un parámetro para juzgar, pero sí creo que la relación madre-hija es incondicional, más allá del bien o el mal que se hagan mutuamente. Puede haber una pelea feroz y al día siguiente estar todo maravilloso. Hay un componente vital muy fuerte en estas relaciones: era eso lo que interesaba contar. También te diría que Las mantenidas… trata sobre mujeres que se desdoblan, son sus propios hombres, sus propios maridos. El bigotito que le pinta la nena a la madre tiene un simbolismo, que después se reproduce en el personaje de Mía Maestro cuando se separa. Sin embargo, aunque los roles masculinos son más chicos, no sería la misma película si no estuviesen ese dealer querible que hace Julián Krakov, ese padre siempre de vacaciones que interpreta Gastón Pauls.