DeathRace 2000 es una película estadounidense que se estrenó en el año  1975 y cuya dirección estuvo a cargo de Paul Bartel. En esta columna de los #JuevesCinéfilos, Ángeles Mendoza Herrera disecciona este film de acción, sangre y humor de negro de bajo presupuesto que termina siendo más entretenido de lo esperado y con un mensajes entrelineado sorprendente.

 

Escribe: Ángeles Mendoza Herrera

Llegué a ella viendo la reciente miniserie Historia de un Clan de Luis Ortega, cuando en el primer capítulo el personaje del Chino Darin, Alejandro, esta con su novia y amigos en un bote comentando sobre chocar en karting con cosas blandas y uno de ellos menciona que era una sensación divina chocar con algo tan blandito como un culo de bebe. En eso  Alejandro pregunta y comenta:

“¿Vieron Carrera de Muerte 2000, esta de kung fu? ¡está el de Rocky!. Una carrera por todo Estados Unidos donde los pilotos tienen que ir chocando peatones para sumar puntos. Embarazadas, ancianos, gente en silla de ruedas y bebes son los que más puntos dan.”

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Rocky: asesino serial de peatones

Eso me convenció para buscarla y verla. El film trata sobre un Estados Unidos bajo un régimen totalitario, que nos es mostrado con un alto humor negro y un punto álgido entre la ironía y el absurdo, pero con mucha destreza. Bajo este régimen, todos los años se realiza una carrera donde los pilotos son una especie de rockstars.  En la competencia gana el piloto que además de llegar primero haya sumado más puntos, los que se consiguen chochando y matando gente; pero ojo, cada uno tiene su valor. Las mujeres valen 10 puntos, los adolescentes 40, los niños menores de 12 años y bebes, valen 70; y los mayores de 74, sea del sexo que fuere, son los más valiosos con 100 puntos. Algo que no es casual. Seguramente para un gobierno y sobre todo para un sistema son los más costosos de “mantener” y menos productivos.

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El de los faros de ametralladora tiene una clara ventaja

El que gane la competencia podrá estrechar la mano del presidente de este régimen, protagonizado por Sandy McCallum, que hace uso de los medios de comunicación para promocionar esta carrera. La misma se realiza con la excusa de que la gente lo quiere así, es decir, para su disfrute y entretenimiento. Por eso esta carrera es declarada el Deporte Nacional, y como reza uno de los afiches del film: “en el año 2000, chocar gente no es un crimen”.

Como en casi todo régimen totalitario, surge y existe un grupo de rebeldes, lo que aquí se hacen llamar “la resistencia”. Estos pretenden lograr la abolición de la carrera, para ello tienen una estrategia: atentar contra su piloto más popular y querido, Frankenstein, protagonizado por David Carradine. El plan es  que mediante la infiltrada y seductora copiloto de Frankestein, AnnieSmith -quien es nieta de la líder de la resistencia, Thomasina Paine-, secuestrar al piloto y que otro ocupe su lugar para llegar y matar al presidente.

Cabe mencionar que aquí está la mano (y estilo) de Roger Corman,  autoridad del género clase B, o cine de bajo presupuesto, que supo hacer numerosas películas,  sea como productor, actor o director de cine. En este caso figura aquí como productor pero podemos ver que argumentativa y estéticamente, está presente en los arquetipos de personajes: Frankenstein, como el monstruo que en el fondo no es y se transforma en favorito de la gente. Joe “Machine Gun” Viterbo, protagonizado por Silvester Stallone, “amado por miles, odiado por millones”, el piloto engreído con algo de gánster y tontorrón.  Los autos de cada piloto son de terror (pero del bueno) y una extravagancia inmejorable.

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Kung Fu sadomaso, el prontuario de David Carradine

Tenemos otros personajes notables:  los noteros de televisión, una especie de obispo católico vestido todo de blanco;  otros pilotos como Jane Calamity, una especie de vaquera, o  la nazi Mathilda “The Huno” y su copiloto, Herman “Thegerman” Bock; También un ex piloto vuelto a rodar, RayNeron “The hero” Lonnegan.

Podría esperarse que el argumento de la película se agote pronto, pero sorprendentemente esto no sucede. La duración de la película son 80 minutos donde Bartel mantiene el dinamismo mediante lo desopilante en cada una de sus escena.

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“En mi país se pronuncia Stallone”

Si aún no te convence el argumento o pensás que es algo soso, puedo afirmar que no es así. La película detrás de la ficción y la acción de bajo presupuesto esconde una crítica social fuerte al patriotismo exagerado, a los medios de comunicación, y otro poco a la religión.

Acción, desnudos, humor negro, violencia, una historia de amor y sangre de salsa de tomate.

Porque no solo de grandes efectos vive el cine.