Sofía Bracamonte se mete esta semana con uno de los pesos pesados de la literatura universal y porqué es indispensable leer hoy esta novela que tan poco parece dialogar con las generaciones nativas de Internet y las redes sociales.

 

Escribe: Sofía Bracamonte

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Sophie Marceau, la Karenina fímica de 1997

Vivimos en un mundo acelerado. En un mundo de instantáneas audiovisuales recibidas por WhatsApp, de instantánea comunicación a través de las redes sociales. Instantáneas. Incluso escribir esta nota se me dificultó, puesto que es tan complicado mantener la atención en un solo punto, teniendo abiertos dos navegadores, el reproductor de música y leyendo el celular a cada minuto. En esta realidad de instantáneas, de fragmentos es que postulo lo siguiente: “Es necesario leer Anna Karenina”, es necesario leer a Tolstoi en realidad.

Si bien podemos creer que ese señor de barba blanca y gesto severo no tiene nada para decirnos a nosotros, jóvenes de hoy, hay que romper ese prejuicio. Desde las gélidas estepas rusas nos llega un fresco, un óleo que cubre toda nuestra pared llena de pequeñas polaroid. Un cuadro sobre la naturaleza humana, perfectamente pintado.

¿Qué es lo que no vamos a encontrar en esta novela de casi 800 páginas? No vamos a encontrar casi violencia, no vamos a encontrar sexo, no vamos a encontrar ningún tema morboso, o tratado de forma escabrosa. ¡Oh, qué aburrimiento! Pues sí vamos a encontrar temas universales, tales como el amor, el matrimonio, la condición de la mujer, la vida de la aristocracia, el proletariado, la religión, el cosmos. La visión que tuvo el autor en este volumen sin dudas es abarcativa, y trata de no dejar nada afuera.

Jacqueline Bisset y Christopher Reeve como Anna y Vronsky, 1985

Jacqueline Bisset y Christopher Reeve como Anna y Vronsky, 1985

Si leemos una reseña cualquiera sobre Anna Karenina, todas ellas se centran en la historia de amor/adulterio de Anna, con el conde Vronski. Y sí, es verdad que esa historia es gran parte del libro. Pero la pluma magistral del autor entrecruza varias subtramas a esa, convirtiéndola prácticamente en una pequeña parte de un argumento mayor. Una mujer casada se enamora de un hombre libre, ¿qué es lo que eso produce? ¿Cómo reaccionan los personajes? Podemos allí ver la hipocresía y la doble moral de la sociedad que ante un mismo hecho condena a la mujer y es indulgente con el hombre. Su hermano, Stiva, también comete infidelidad y sin embargo nada en su situación o su vida se modifica, mientras que Anna trae la perdición para sí y su descendencia.

También vamos a poder sumergirnos en la última época de la Rusia imperial, pre- revolución. Nos vamos a meter en el ocio y la decadencia de una nobleza prácticamente dedicada a nada, salvo la maledicencia y los entretenimientos banales. También vamos a recorrer los bajos fondos, y por último el escenario predilecto de Tolstoi, el campo. La vida rural es, sin dudas, la elección del autor por lo cual la vemos idealizada y casi sin críticas. Siempre propugnando el trabajo físico y la producción agrícola ganadera a través del gran Konstantin Levin.

El desarrollo de los personajes es muy cuidado y detallado hasta en las más pequeñas aristas. Tenemos a Anna, mujer intrigante, diferente, misteriosa e inteligente. Una fémina real que no quiere vivir fingiendo, que sólo quiere seguir a su corazón. El autor la entroniza sólo para hacerla caer, y en esto podemos encontrar un sentido moralizante en la novela, que es una de las pocas cosas que no disfruté del libro. Está su frío y aristócrata marido, un hombre alejado de la realidad que vive de leyes y procedimientos burocráticos. El momento culmine de este personaje es el momento en que se entera de la infidelidad de su mujer y podemos ver, somos testigos privilegiados del proceso mental que se lleva a cabo en él para tomar la decisión de castigar y torturar a su consorte. Ese momento es magistral, sencillamente. Un pequeño fragmento: “Se hallaba cara a cara con la vida, ante la posibilidad de que su esposa amara a otro hombre, cosa que le resultaba absurda e incomprensible porque era la vida misma…”.

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La mirada de Tatyana Samojlova en la adaptación soviética de 1967

Otro personaje destacable es el afable y despreocupado Stephan Arkadievich, o Stiva, hermano de Anna, un funcionario de estado, mujeriego, disipado, al que vamos a ver en constante contraposición con Levin, se muestra así cómo los conflictos morales para Tolstoi son casi absolutos: blanco o negro. Por eso los hace jugar en sus personajes. Nos pone a un hombre jugador, dado al alcohol y a las mujeres, un citadino en donde residen en gran parte los vicios que el autor considera intolerables y los vemos recalcados en la profunda aversión que Levin siente a toda esa farsa y esa hipocresía. La mujer de Stiva, la desdichada Dolly, es lo que se supone que eran todas las mujeres en Rusia a finales del siglo XIX, una madre, sostén espiritual del hogar y absolutamente sometida a un marido que no la corresponde ni siquiera administrativamente en la cotidianeidad. El punto más álgido de Dolly es cuando se separa de sus hijos para visitar a una Anna completamente repudiada y alejada de la sociedad, y tiene un minuto de lucidez para plantearse su situación en contraposición a una “mala mujer”, “una mujer perdida”, “una mujer culpable”.

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La muy vistosa película de 2013

Otro punto interesante de la novela es la caracterización de las relaciones amorosas entre hombres y mujeres. Vemos dos enormes ejemplos en la relación entre Anna y su amante, y el matrimonio de Levin y Kitty. Pareciera que la polaridad otra vez se hace presente para mostrarnos lo que sería lo correcto o lo bueno en contraste con el desastre que termina resultando del amorío infiel de la Karenina y Vronski.

A pesar de la férrea formación cristiana de Lev Tolstoi en algunos monólogos metafísicos de Kostia Levin podemos ver una apertura hacia distintas ideas, hacia las demás religiones o concepciones del bien. Hay incluso reflexiones existenciales, del universo y del cosmos.

Es necesario entonces, es menester, recalco, leer Anna Karenina en estos tiempos acelerados, infames en su alienación. Vamos a encontrar consideraciones aplicables a nuestro diario proceder, y si tenemos la ardiente paciencia necesaria para mantener nuestra atención fija en un libro como este, se nos abrirá un abanico de historias, descripciones, ambientes, que son ineludibles para cualquier lector de valía y que se precie de tal.