Lulú es un film dirigido por Luis Ortega y de reciente estreno en salas, que sigue girando, aunque data del 2014, con cambios de montaje de por medio. Previo al estreno pasó por algunos festivales dentro y fuera del país y esta semana es el objeto de análisis de Ángeles Mendoza Herrera.

 

Escribe: Ángeles Mendoza Herrera

Lulú son Lucas y Ludmila, una pareja de jóvenes que viven en una especie de casita de plaza, específicamente en una que queda en Recoleta, lo que genera una paradoja y un contraste en ese alrededor y en ellos, donde los otros los ignoran y ellos a su vez a los otros; aunque contadas veces esos otros se acercan y cuando lo hacen, lo hacen de manera superficial y ellos lo saben, así que nuevamente prefieren ignorarlos.

Nahuel Pérez Biscayart encarna a Lucas, un joven flacucho al que, como dice el, le gusta el bochinche o el alboroto pero no la violencia. Por lo poco que sabemos de su vida anterior, Lucas es sietemesino y algunas veces parece sentirse incompleto ante ello.

received_10207150646900866Porta un arma que le gusta disparar todo el tiempo, sin razón aparente.  Con su amigo Hueso (papel del excepcional músico Daniel Melingo) salen todos los días en su camioneta a recolectar el sebo de las carnicerías de la ciudad.

Hace unos cuantos años, Biscayart tuvo otro papel, también llamado Lucas, en Glue de Alexis Dos Santos. Un film acerca de la adolescencia y el tedio que esta muchas veces genera y como salir de él. Acá, el Lucas de LULÚ es más sombrío pero tan adolescente como aquel.

Ailín Salas -que se luce, desde siempre, pero cada vez más- aquí interpreta a Ludmila, que recorre la ciudad con su silla de ruedas –ya que tiene una bala incrustada- aunque ya no la necesite (¿O sí?). Ella a veces canta y baila, hace muecas y se divierte, pero otras llora y mira al vacío de una manera indescriptiblemente profunda.

received_10207150654101046También le gusta recortar fotos de bebes para pegarlas en la pared al lado de su cama. En ella ese deseo de la maternidad recorre la película. Lucas huye de ese deseo aunque le dice que sí, que van a tener cien bebés.

Aquí no hay crítica social, para nada. Son personajes que vagan por un mundo lumpen pero porque no quieren otro o porque no pueden estar en otro que no sea ese, que les permite jugar con los límites de su libertad.

Luis Ortega, en una pequeña entrevista, sintetizó que LULÚ es  “una historia de amor de la adolescencia” y acotó que “remite a una experiencia personal y a una energía que yo tenía a esa edad, 17 o 18 años”.

Ambas cosas se ven marcadas. El amor está presente–sobre todo el de Ludmila hacia Lucas- pero un amor que corre vertiginosamente o solo camina en la dirección contraria, como ellos hacia la dirección de los autos. Un amor, donde ambos intentan llenar los huecos del otro, como todos los amores, aquí de una manera cruda y visceral pero ante todo auténtica.

received_10207150653141022Ludmila siente a Lucas tan incrustado como la bala que quedó cerca de su columna. Deambulan y ambos se van encontrado y desencontrando entre sus fragilidades, dentro de ese universo por el que se mueven y los personajes que los rodean.

Algunas críticas descalificaron a LULÚ y a Ortega, alegando que el director aborda un mundo marginal que desconoce. Pero no se equivoquen, Luis no busca retratar la marginalidad entendida por los que han caído en ella empujados por su situación o su contexto, sino por una elección; y hace de esa elección más que un retrato un acto poético con identidad propia.

*Hago mención aparte para la música que va en sincronía con las imágenes. Además de la música propia -por Melingo y Ezequiel Araujo- suenan Manal, Billy Bond, El exilio universal y Liliana Herrero, que hacen al retrato poético de estos jóvenes.

Un dato más: Las letras del afiche que promociona el film recuerdan a las del disco de Metallica y Lou Reed, del mismo nombre LULÚ. A su vez este disco está basado en una obra teatral que consta de tres partes, igual que la película de Luis.