Entre el 4 y el 7 de octubre se realizó la primera Bienal de Pegatinas de La Rioja, un evento alternativo, autogestionado y barrial que se propuso reflexionar sobre las intervenciones en el espacio público y su significado, al tiempo que ofrecía, arte, shows y aprendizaje.

Nació como una propuesta del colectivo La Casa y el denominado Proyecto Anti-Represivo que creo la artista plástica Ayelén Argañaraz buscando plantear el lugar de los artistas en la calle y la intervención en el espacio público. Estos dos han sido los ejes sobre los cuales suelen girar las actividades del grupo de artistas, actores y amigos que suelen rondar la susodicha Casa, propiedad de Gabirela Grimaux pero en la práctica también un espacio cultural con mucho ruido en su haber. Siempre con las banderas de la contracultura, lo alternativo, la autogestión y la lucha social bien altas.

Así fue el trasfondo de esta Bienal de pegatinas, una convocatoria pública a quien quisiera participar de una serie de tardes con actividades en el “barrio” (En el barrio resultó ser su característica más valiosa), que solo requería presentar una imagen para convertirla en sticker.

dsc_0425Pero además se aprovechó el evento artístico como una plataforma desde la que realizar diferentes actividades en las plazas y por las calles. Así como disfrutar de la presencia de diferentes artistas de esta doctrina callejera que vinieron de todo el país para participar y, de paso, hablar de su obra, compartir actividades prácticas y ofrecer talleres a los presentes.

El concepto de barrio, lo había mencionado, fue de gran importancia para el evento. Para las intervenciones se utilizó la plaza del barrio como centro neurálgico de las actividades y desde allí se irradió hacia las calles y callejuelas, los portones y las paredes. Este barrio fue el Evita, donde era el viejo sur geográfico de la ciudad hasta que la urbanización se desparramó incontenible en esa dirección.

dsc_0416DE TODOS, DE NADIE

Hubo expresión pero no hubo abuso. Los organizadores comentaron que se habló con los vecinos para determinar que paredes se intervendrían y cuales no. Las pegatinas que las adornarían se enviaban por mail o correo de lugares tan diversos como Guandacol, en las profundidades de la provincia o desde las urbes cordobesas y bonaerenses. No había especificidades más complejas porque la idea siempre fui la inclusión y la facilidad de participación.

Uno de objetivos manifestados fue la reflexión sobre la acción en la calle y en los espacios públicos; sobre cómo se interviene, qué coso se interviene y de qué manera se intervienen. Para los organizadores (La Casa, PAR), las acciones en el espacio público siempre han estado atravesadas por problemáticas sociales y del aporte que se pueda hacer para hacer visible esas situaciones. Estos aportes siempre versaron en lo cultural y lo emocional de la política, en contraposición a un aspecto más duro, formal, legal.

Lo interesante del arte en la calle es su relación intrínseca con el contexto, con la realidad del barrio. Para los chicos de La Casa era importante que la Bienal no se hiciese en otro lado o en uno de los grandes escenarios culturales de La Rioja. No daba lo mismo. Y esto es una cuestión directamente relacionada con la marginalidad de los barrios y sus habitantes (en las ciudades grandes ese rol lo ocupan las villas) que deben movilizarse para recibir cultura… eso o crear la propia.

“La propuesta es que sea al mismo tiempo un espacio de muestra, de reflexión y de conversación entre las personas”, nos comenta Gabriela Grimaux.

dsc_0423UN MAESTRO

La frase que titula la nota la escuchamos declamar a Esteban Páez, oriundo de Frías, Santiago del Estero, uno de los invitados “importantes” del eventos junto al grupo MINGA o Diego Alexis Sarmiento que se organiza y mueve a grupos de grafiteros locales

Hace más de 12 años que es artista urbano y se dedica a hacer stickers, pegatinas y grafitis bajos el seudónimo de POW!. Es la segunda Bienal de la que participa y lo hizo ofreciendo una suerte de clase magistral de la disciplina. Se trató de una sticker bomb (o bomba de pegatinas) que, históricamente hablando, era la manera en que banditas urbanas peleaban por el espacio en el área de New York.

Luego de explicar que estaban por hacer una versión old school del sticker bomb sobre un portón naranja de tanto herrumbre (old school, relata, porque originalmente los soportes de la pegatina eran estructuras herrumbradas de los barrios bajos yanquis), Páez sentencia: “diviértanse, la calle no es de nadie y es de todos. Aquí se pueden expresar libremente”. Y comienza el bombardeo.

dsc_0438Dentro de lo que es el arte urbano y callejero, el sticker es una expresión que conlleva bajo costo y es mucho más ágil a la hora de intervenir. A nivel discursivo equivale a venir intervenir un lugar y dejar la importa del artista, es una expresión que no tiene filtro porque es como un museo a cielo abierto.

Páez también nos da una clase de historia y nos cuenta que este arte urbano se concibe en new york a finales de los 70´s y refleja mucho las cuestiones sociales y raciales de la época. Luego se fue diversificando según las identidades de los artistas y se crearon bandas que se identificaban con un cierto barrio y estilo artístico. Allí donde los límites entre territorios se cuestionaban, se hacían las sticker bombs: un bando pegaba las propias, venía el rival y les invadía el espacio con las suyas. Al final, del caos surgía el arte.

Este arte, así como la bienal formaron parte de la Noche del Arte que se realizó en la ciudad de La Rioja el viernes 7 de octubre. Una adición más que interesante y una decisión de llevar a la gente a conocer la cultura barrial.dsc_0453