La Universidad Nacional de La Rioja fue la anfitriona y organizadora de los 30 años de la obra poética- musical más importante de la cultura riojana. Pasaron 30 años y volvieron, esta es la crónica de cómo se gestó este reconocimiento.

 

Escribe: Eduardo Fuentes: Lic. en Comunicación Social y coordinador general del evento 

Todos esperaban escuchar y ver una vez más en escena a esos artistas que supieron interpretar y poner en la piel de cada riojano, esos versos y esa música que inevitablemente te devuelven a la esencia misma del que habita este suelo agreste.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

El trabajo de rearmado del grupo original encontró a un Navarro viviendo en Buenos Aires y su disposición casi sin impedimentos, solo los mil y pico de kilómetros que nos separan del puerto.

“Es un mimo para nosotros”, me dijo con voz cálida de abuelo ese día que hable para ponernos de acuerdo en una fecha de presentación, hasta me dio la impresión de que no entendía bien por qué tanta cortesía de parte de la universidad: al fin y al cabo solo le había puesto la música más exquisita a los versos maravillosos de Gatica. ¡Eso nada más!

“Bueno mire, si a Ramón le parece bien no habría problema en la fecha”, dijo don Gatica. Los homenajeados ya habían dado su palabra y para nosotros eso era el bendito y nada podía parar ya la empresa.

Empezaron las reuniones y las ideas de cómo llevar a cabo lo que para la universidad era el gran cierre de un año de múltiples actividades en lo artístico y académico.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

Pensábamos que el año (2015) no podía tener un final de menos envergadura que ésta puesta en donde además de reconocer a la pluma y música que le dio vida a la Cantata, su onomástico artístico nos indicaba 30 años desde su puesta en escena aquel 24 de mayo de 1985, en el viejo cine teatro Susex de frente a la plaza, hoy encuentro de madrugadores que prueban suerte en diversos juegos de azar.

Hubo un mediador que tiene sangre Navarro y todos lo conocemos como “Monchi”. “Yo hablo a los changos y se van a prender cuando les diga que es un homenaje a los viejos”, garantizó el director de la Orquesta Angelelli que le cambia horas de calle ociosa a los chicos que viven cruzando la ruta 38 para el lado este de la ciudad capital, por un instrumento y una casi doctrina que los invita a una superación de su cuna de carencias.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

La posta la tomo el “Copito” Molina Torres, uno de los Rioja Trio, quizá, el grupo de voces más claras y brillantes que dio la rioja dentro del folklore tradicional. Copito fue el que terminó por enlazar al resto del grupo (hoy disuelto), a Luis Chazarreta, a Pancho Cabral que por esas cosas de su múltiple actividad artística ya tenía un compromiso y finalmente no pudo estar.

La segunda generación de don Ramón Navarro, su hijo del mismo nombre, el de los vientos en la Cantata, fue como el escurridizo, “no lo pueden encontrar a mi viejo”, dijo el “Monchi”, cuando faltaban un poco más de una semana y media para la actuación que todavía no tenía el cartel puesto en los medios.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

Todo paso tan rápido que los ensayos empezaron a restarles horas al sueño y actividades normales de los músicos. Se encontró otra vez la banda de sonido en instrumentos y voces del Rioja Trio (Nicolás Carrión, “Copito” Molina Torres y Jorge Santillán), Luis Chazarreta y los silbatinos sonidos de Ramón Navarro hijo.

Claro está, Chito otra vez volvió a faltar a la cita pero solo su cuerpo, porque su poesía y su duende no.

¿Y qué hay de “Colacho” Brizuela? Alguien pregunto: “Está lejos, anda de gira por España” dijo el “Monchi”, “sino seguro tocaba con nosotros”.

A las notables ausencias se sumaron otros grandes artistas, de esos que nos hacen quedar bien afuera y que a pesar de su localía son profetas aquí también: Libre Voz (Camilo Matta, Nicolás Carrión, Andrés Flores, Carlos Nieto Ortiz, Manolo Herrera) y Martín Molina Torres.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

Casualmente, o mejor dicho, causalmente, Martín Molina Torres y el quinteto vocal Libre Voz, cada uno por su lado, hicieron de teloneros de lujo de la Cantata abriendo la noche emocionada que empezaba a cantar una canción (El Grito) y una chaya (Rioja Escondida), arregladas especialmente por la Orquesta Angelelli, reviviendo aquellos primeros escritos y pentagramas que Gatica y Navarro empezaron a esbozar juntos previa a la gran Cantata.

El broche de ese primer telón fueron casualmente esos 40 chicos integrantes de una orquesta que se pinta de naranja y tiene nombre de mártir (Angelelli) que con sus pequeñas manos y bocas, lanzaron las melodías exactas para acompañar a los grandes.

Para ellos, el Monchi y Ramiro sus directores, el público le regaló el primer aplauso cerrado.

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PH: Valentín Maraga / Cortesía IPA UNLaR

Todo estaba listo. La Sala Académica de la UNLaR repleta, algunos calculadores establecieron en 900 personas las asistentes de ese 4 de diciembre, querían el tarareo casi de cuna del Rioja Trio y la voz de don Navarro diciendo: Veinte de mayo de su majestad…Empezaba otra vez la Cantata.

Y vinieron todos los temas, los reconocimientos académicos y regalos a Navarro y Gatica que tienen que ver con el compromiso de la UNLaR con la cultura popular riojana, a los músicos…

Y hubo un regalo para todos los que asistimos a esa noche: la Cantata Riojana volvió a brillar a pesar de los años con la vigencia que solo los clásicos pueden arremeter al inevitable paso del tiempo.