La periodista y conductora madrileña de “Me voy a comer el mundo” visitó Buenos Aires y dialogó con REVISTA RANDOMsobre su pasión por viajar y probar los platos más característicos de cada lugar. Pero, por sobre todo, tratar de descubrir que hay más atrás de la gastronomía de la ciudad que visita.

Para aquellos que nos están familiarizados con los lugares emblemáticos de Buenos Aires, deben saber que hay dos o tres pizzerías tradicionales que vale la pena pasar y probar. Güerrin es una de ellas y le sobran pergaminos para ser una delas más reconocidas dentro de la gastronomía popular porteña.

El lugares visitado por gran cantidad de personas, desde familias, pasando por extranjeros, hasta aquellos habitués que pasan a comer de parado una porción de pizza y su compañera: la fainá.

Hasta este lugar acompañamos a Verónica Zumalacárregui, para aquellos que la siguen por el Canal El Gourmet en sus viajes, es sólo Vero Zuma.  La visita no es casual, es parte de su programa “Me voy a comer el mundo” en donde explora la gastronomía típica de cada lugar que visita. En Buenos Aires visitó esta pizzería, estuvo por mercados de comidas, probó el asado y las empanadas; hasta caminó por la Av. Corrientes entrando en contacto con la gente.

Entre toma y toma nos cuenta que “no iba a realizar su tercera temporada si no pasaba por la Buenos Aires”. Considera que hay una buena cantidad de espectadores argentinos a los que les interesa que se hiciese un capítulo en la capital porteña. Ella siente que reúne las características de las grandes ciudades del mundo, “lo interesante de la ciudad es conocer, además de la gastronomía, los diferentes características de los barrios. La diversidad es lo que hace a Buenos Aires muy atractiva”.

No solo le interesa la pizzería, también busca el acercamiento con la gente; porque una forma de medir el pulso de la ciudad, es caminar por sus calles y nada mejor que hacerlo por una avenida tan tradicional como lo es Corrientes, famosa por sus teatros y sus restaurantes. También le interesa el barrio de Palermo, el cual compara con la zona de Malasaña en Madrid; porque tienen características similares: lugares para caminar e ir de tapas.

Como buena periodista ha realizado la investigación para saber qué tipo de comida es la que se sirve por estos lados. Para Vero, “la comida argentina es más bien parecida a la italiana y no tan similar a la española”. Si bien es cierto, porque nuestro país a recibido una mayor inmigración italiana, también tenemos una gran influencia de España, desde su idioma hasta su comida.

La experiencia

La pizzería está comenzando su apogeo a medida que oscurece en la ciudad, la gente se amontona en la caja para pedir su porción de pizza y fainá, que luego comerá de parado en las mesas dispuestas a la entrada del lugar. Vero, que también produce el programa, se mete en la cocina para comprobar directamente como se prepara una de las más tradicionales pizzas de la calle Corrientes.

“Acá está una de las diferencias con la comida española, la pizza la coméis con mucho queso” dice asombrada. Además, degustó la típica fainá y nos dice “al principio estaba un poco escéptica, pero es verdad que aporta una textura diferente”. También le gustó la fugazetta, si bien no es muy amante de la cebolla, pero le pareció fascinante.

Muchos piensan que Vero Zuma es chef, pero en realidad ella es periodista. Empezó la carrera de cuando tenía dieciocho años y a los diecinueve se introdujo en el mundo laboral haciendo boletines informativos en una radio. Luego pasó por la televisión, el Ministerio de Defensa, reality shows, y hasta escribió en el Huffington Post y El País. Nos cuenta que su pasión por viajar, la llevó a darle un giro a su carrera. “Todo lo que hago de gastronomía, está ligado a los viajes. Ambos están enlazados y me permiten conocer a la gente de cada lugar; la comida nos une en una mesa y eso es un hecho en cualquier parte del mundo”.

Dentro sus viajes, con el afán de probar sabores, se ha encontrado con algunos momentos gastronómicos que la hicieron dudar de comer lo que tenía en frente. “He probado carne de perro en Corea del Sur,hasta ojo de res en el mercado de Coyoacán, en México; pasando por escorpiones en Pekín y escarabajos en Tailandia” expresa con cierta sorpresa. Aunque no necesariamente va a un lugar buscando algún plato exótico, más bien trata de buscar lo cotidiano, “en Asia lo cotidiano son los insectos, por ejemplo”.

Como dice la canción de Pipo Pescador “el viajar es un placer”, para Zumalacárregui también es un placer volver a su Madrid, en donde disfruta de la comida familiar y salir con amigos. “Llego a España con ganas de comer la tortilla de patatas que hace mi padre, la merluza romana que hace mi madre y salir de cañas con mis amigos” sonríe al recordar.

Aunque la gente la identifique con la gastronomía y los viajes, Verónica se considera una periodista bastante versátil. Si esta experiencia culminara en algún momento, ella podría hacer cualquier otro tipo de programa: desde uno que ponga en riesgo su vida; hasta otro, en el que se toquen temas mucho más profundos. Cualquier formato que nada tenga que ver con la gastronomía.

También es variable su curiosidad en la gastronomía, “cuando hago mis viajes trato de combinar la vida de un mochilero y la vida de alguien con mucho poder adquisitivo”. Le gusta jugar con lo diferente, es por ello que puede comer en un restaurante de estrella Michelin – la guía que es popular por asignar de una a tres “estrellas de la buena mesa” – o probar un plato cocinado en un puesto callejero.

Volviendo a la noche que compartimos, la periodista sigue con la realización del programa, mientras que los comensales aprovechan el alto en su trabajo para sacarse fotos y saludarla. Ella se muestra de muy buen humor, siempre predispuesta para entender de que se trata lo que está probando. “No todo lo que brilla es oro, es bastante sacrificado hacer este programa, pero se compensa con todo lo positivo de hacerlo” lo dice seria, mientras se vuelve a meter en la cocina de la pizzería para terminar con el rodaje.

Es una ciudadana del mundo que disfruta combinar el trabajo con el placer; aunque en algún momento le parezca cansador, ella sabe que el camino que eligió, es el que mejor le sienta.