El diez de mayo es el aniversario de Sanagasta, pueblo bendito con una paz increíble y una belleza de ensueños. Te invitamos a conocer, en su día, un poco más de esta hermosa localidad a solo 15 kilómetros de la capital de La Rioja.

Tierra roja y santa. Polvo de arcilla que se impregna en el alma. De mediodías claros y siestas largas, de paisajes sublimes que encandilan la mirada.

Son sus callecitas angostas las que guardan secretos e historias. Testigos mudos del cotidiano limpio y puro de aquellos que las transitan sin prisa, y con labor la trabajan.

Pueblo de mitos y leyendas mágicas, donde reina la calma y se espera con ansias aquel enero que se viste de chaya, para recibir entre sus altísimos cerros a quienes la visitan en busca de fiesta, de alegría que se contagia con harina y agua. Casas de adobe y ladrillo, plazas de colores donde por las tardes juegan los niños.

Sanagasta es una tierra cercana, de la ciudad capital apenas 30 kilómetros la separan y allí nunca escasea el mate con charla y el dulce manjar que lo acompaña. Membrillos y nogales  adornan los jardines, y corre cerca el río de agua fresca y clara.

Lo que somos

La Casa de la Cultura es un punto digno de visitar para apreciar  las artesanías y los productos regionales creados por los lugareños. En ellos se conjugan la identidad, la historia y la cultura del pueblo.

El Museo “Los Sanagastas” remite al visitante a épocas en las que los diaguitas habitaban la zona. A través de imágenes y recreaciones la historia late, se mantiene viva.

Desde la cuesta de Sanagasta  se aprecia el brillo y la vida del pueblo, el “Parque recreativo los diaguitas”  ubicado allí, ofrece magnificas artesanías creadas con madera, arcilla y cuanto material ofrezca la naturaleza. Allí reposan dulces manjares, junto a máscaras de barro, mates, cucharas de caña, arcilla y nuez.

Históricos viñedos regalan el fruto fragante que, vertido en una copa, despierta sensaciones exquisitas en el paladar. El disfrute de un vino tinto o blanco en el momento y el lugar indicado.

Cazuelas de barro se posan y pasean de mano en mano con conejo y berenjenas al escabeche. En algunos platos reposa una deliciosa trucha del río de Huaco.

Brotan y florecen del plato sabores que cautivan y vuelven niños los sentidos.

Un lugar entre nubes

Son 2.250 metros de altura en los que se encuentra Pampa de la viuda. Allí se experimenta la sensación de detener el tiempo entre la tierra y el cielo, entre el verde suelo y el azul firmamento.

Hay en ella una invitación a sentir y vivir la libertad. Inmensos y coloridos cordones montañosos se manifiestan en zigzag, entre las nubes, donde también las aves alzan  vuelo.

El vértigo de las alturas, la calma de los llanos, el abrazo de las nubes y la compañía del sol que calienta e ilumina cerca.

Naturaleza,  paz, adrenalina y libertad. Pampa de la viuda, es sinónimo de oportunidad. 

Un viaje en el tiempo

Un parque colmado de altísimos y rojos paredones, cristales de rocas y replicas a escala real de dinosaurios que habitaron nuestras tierras hace 250 millones de años, eso es Parque de dinosaurios.

En este espectacular parque geológico se aprecia la historia, a través de distintos recorridos temáticos. Naturaleza y aventura se unen para maravillar a quienes visitan el lugar.

Un viaje en el tiempo a la prehistoria, donde la vista se maravilla y el corazón se alegra ante la imponente recreación de períodos que al recordar se vuelen verdad. Por un momento la mente olvida e ignora el siglo actual.

16 réplicas en tamaño natural, realizadas a mano, evidencian la imagen y las costumbres de aquellas especies del pasado. Algunas de ellos de hasta 30 metros de largo.

Relatos que por maravillosos suenan fantásticos, caminatas entre paisajes majestuosos y evidencias por doquier de aquellos años en los que esta tierra que hoy es nuestra, fue de los dinosaurios.