Te invitamos a conocer una de las festividades más importantes de la provincia de La Rioja. Una roca en medio del desierto se convierte en oasis de fe para cientos de peregrinos que llegan de todas partes.

La Fe mueve montañas dice el dicho y en La Rioja parece ser verdad. La enorme piedra que se desprendió desde el cerro y al cual la religiosidad del pueblo le adjudicó el perfil de Cristo y el nombre de “El Señor de la Peña”, parece avalarlo. Anclado en medio de El Barreal, una antigua laguna seca ubicada en el departamento Arauco a 95 kilómetros de la Capital riojana, El Señor de la Peña se ha convertido en unas de las fiestas religiosas más importantes de la provincia.

El culto tiene lugar en Semana Santa. Los peregrinos de distintas partes del país comienzan a llegar el Jueves Santo y pueblan con carpas y campamentos las inmediaciones de la gran mole que atentamente custodia el cerro observando la puesta del sol. Los comerciantes llegan en igual o mayor medida que los promesantes. A lo largo de los años esta festividad religiosa se fue convirtiendo también, en un paseo de compras. La oferta es tan enorme como la piedra venerada. Por eso la comisión organizadora, que depende la iglesia de Aimogasta (Departamento Arauco), decidió hace varios años otorgar un sector para los comerciantes para no mezclar la religión con el comercio.

La gran devoción en El Señor de la Peña y la creencia en sus poderes milagrosos convoca a miles de devotos (en Viernes Santo sobrepasan los 200 mil)  que portan sus ofrendas con la esperanza de que se cumplan sus letanías. Las ofrendas consisten en pequeñas cruces de caña o madera de cualquier tipo y monedas que se pegan en la piedra. Los promesantes encienden velas y pasan la noche rezando. A medianoche comienzan los cantos religiosos a los que, a veces, se suman vidalas y bagualas. El espectáculo se engrandece con las danzas de luces y sombras que se produce en medio del desierto gracias a la iluminación de la enorme cantidad de velas alrededor de El Señor de la Peña.

La festividad culmina el Viernes Santo con la celebración de la misa, presidida  por el obispo y el Vía Crucis a cargo de la pastoral juvenil de Aimogasta. Luego, antes de que anochezca y en caravana, comienza el retorno a sus hogares de los miles de fieles. Y el Señor de Peña vuelve a quedar solo hasta el año que viene, cuando muera y resucite otra vez.