Desde el 23 de septiembre y hasta bien entrado diciembre, el Museo Octavio de la Colina, en la capital riojana, expondrá Mafalda en su Sopa. Se trata de una muestra organizada por la Municipalidad y la Biblioteca Nacional que busca contar la historia de este ícono del cómic así como las experiencias de sus lectores a lo largo de 50 años.

Cuando al desprevenido le cuentan que de Mafalda no se ha publicado ni una sola tira nueva desde 1973, la cara que suele poner es de auténtica sorpresa. No es para menos. Este ícono de la historieta argentina parece tan fresco, tan certero en su comentario social y político que es difícil pensar que su creador, Joaquín “Quino” Lavado, se hartó de ella luego de apenas 10 años.

“No tengo nada más que decir con este personaje”, sentenció y silenció la pluma. Desde entonces el personaje no ha dejado de crecer de la mano, de millones de lectores en todo el mundo. Su recuerdo y su impronta están vigentes aún porque el autor supo reflejar, desde los ojos un poco inocentes, un poco acusadores y siempre inquisitivos de una niña de 8 años, a la clase media y sus problemas. Y la clase media es casi siempre igual en todas partes, cortada con tijera, producto industrial internacional.

Mafalda hizo en los 60´s y 70´s lo que Los Simpsons hicieron durante los 80´s y 90´s: mostrar desde el humor y la ironía las incongruencias de su sociedad, sus políticos, sus personajes y sus ídolos. Nos preguntamos si, quizá, Matt Groening debería haber hecho la de Quino y terminar con una serie hace rato pasada de tiempo.

mafalda-4…en su Sopa

En 2014 se cumplieron 50 años de la primera edición de Mafalda en la revista Leoplán. Para la ocasión, el archivo de historietas y humor gráfico de la Biblioteca Nacional organizó junto a Quino una serie de muestras conmemorativas. Una de estas muestras captó la atención del intendente de La Rioja, Alberto Paredes Urquiza, quien se declaró gran admirador de la tira y de su autor.

Fue a través de él que la directora de patrimonio y responsable del Museo Octavio de la Colina, Ana Mercado Luna, se comunicó con Julieta Colombo, sobrina y representante de Joaquín Lavado, y con Judith Gociol, coordinadora del Archivo de Historieta y Humor Gráfico. Entre las tres decidieron que el ala norte del MOC sería un lugar excelente.

Mafalda en su Sopa es una muestra que, aunque puede no aparentarlo, tiene un guion sumamente complejo. En cuatro salas está adaptada no solo los 10 años de producción de la tira sino además la rica y anecdótica historia posterior que se fue desenvolviendo cuando el personaje ya había pasado al ámbito de la leyenda gráfica.

expo-mafalda-29Bocetos originales, placas de impresión y cartas, muchas cartas, se mezclan en el desafío de contar sobre Mafalda algo que no esté dicho. Pero es en las cartas de los lectores donde la muestra da en el blanco, allí se puede desentrañar desentrañar cual es el fenómeno de la vigencia de este personaje donde se descubre porqué esta niña se volvió inmortal.

Hay de todo. Cartas de niños de 7 años pidiendo consejos al autor para ser escritores, parejas que piden permiso para invitar a los personajes su fiesta de casamiento, los que mandan dulces caseros, los que quieren tatuarse sus creaciones en la piel, los que admiran algún mensaje escrito en sus viñetas.

Esto es un poco lo que Mafalda hizo de sus lectores: estuvo en sus infancias, creció con ellos y sus familias, los hizo reír y a veces llorar y los impulsó a pensar críticamente. En algunos casos los acompaño hasta los lugares más oscuros. En una de las cartas, una santiagueña de nombre Graciela pero a quien llaman “La Grapa” recuerda cómo fue que la historieta le ofreció un bálsamo mientras permanecía detenida por la dictadura. Eso lo escribe de puño y letra en 1998. Tiempo después, en 2014, Quino recibe una segunda carta, redactada en computadora, donde los hijos de La Grapa le avisan que su madre ha fallecido, feliz de la vida, y que toda la familia continúa la tradición de leer Mafalda.

expo-mafalda-44Todas estas cartas Quino las fue contestando, a su manera, a su tiempo. Para él los lectores son lo más importante del mundo y se nota en sus entusiasmadas respuestas. Pero el personaje conllevó para él una relación de amor/odio que lo llevó terminarla después de 1900 tiras. “¿Por qué mato a Mafalda? ¡¿La mató o la dejó morir?!”, se pregunta el propio dibujante, parafraseando lo expresado por muchos de sus lectores. “Bueno no nos pongamos trágicos”, continúa, “lo que pasó es que empezó a resultarme opresiva. La historieta iba a terminar por liquidar al dibujante. Me sentía entrampado y mi trabajo, repetitivo. Mafalda es un dibujo y no una persona de carne y hueso”.

Esto último vale la pena aclararlo porque, muchas veces, cuesta darse cuenta.

 

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