Por primera vez, las obras de la extraordinaria grabadora argentina, Aida Carballo, llegaron de gira a La Rioja. Fue en el marco de las exposiciones de Fundación OSDE, institución que en los últimos diez años reivindico el trabajo de esta singular artista y docente.

El proyecto surgió en el año 2008 de la mano de Gabriela Vicente Irrazábal, convocada especialmente por María Teresa Constantín, Directora de Arte de la Fundación OSDE, para que se encargue de investigar, recopilar obras y curar una exposición de una artista plástica hasta entonces olvidada. Para Irrazábal se convirtió en un viaje de diez años junto a la vida y el trabajo de Aída Carballo; para el público significó la posibilidad de acceder al mundo fantástico de una artista singular, en donde temas como la locura y el sexo se mezclan con lo cotidiano e inocente.

Grabadora, pintora, ilustradora, ceramista y docente, Aída Carballo nació en Buenos Aires en el año 1916, egresó de la Escuela de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón en 1937, estudió dibujo con Pío Collivadino y continuó su formación en la Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova. Recibió su primer premio en 1948 y a partir de ese momento inicia su conquista de reconocimientos artísticos el Gran Premio de Honor de 1964, el Salón Nacional de Artes Plásticas en el 77 y el Premio Konex al mérito en Grabado en el 82. Fallece en Buenos Aires en el mes de abril de 1985.

img-20170921-wa0004La exposición que OSDE inauguró en 2008 contó con más de80 obras de la artista, pero nada de eso hubiera sido posible sin un inesperado aliado: el veterinario de los gatos de Aída y sus hermanas, heredero del grueso de su trabajo artístico.

Carballo fue una artista prolífica y virtuosa, destaca casi desde el principio cuando fue premiada por sus grabados nada más salir de la Escuela de Bellas artes en el 48. Como ella misma relata en su “Autorretrato con autobiografía”, perdió a su madre cuando solo tenía 5 años y a su padre poco después de graduarse, un hecho que para ella significó “la muerte de un dios”. Fue tan grande el golpe que terminó en una breve internación en un hospital psiquiátrico. Jamás ocultó sus encuentros con la locura y esta la acompañaría por una segunda internación y hasta la muerte.

Pero el mejor vestigio de esta época fue su primera “serie” de dibujos y grabados sobre locos que publicaría en una carpeta de siete piezas en 1951. La asociación de críticos la eligió como lo mejor de la temporada.

5En el 65 continua con la serie Los Amantes, seis grabados que se publicaron en un libro, una carpeta con litografías acompañadas por un poema. Hay una marcada inocencia y aire cotidiano y casual en estas pequeñas escenas en done los protagonistas se abrazan y besan desnudos. Ella presentaría este trabajo en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y, aunque hoy nadie se despeinaría, en esos días fue denunciada por obscenidad.

Los Levitantes será su tercera serie. Ella los llama “seres que levitan”, un lenguaje marcadamente más onírico, que se aleja de esa cotidianeidad y seguramente se alimenta de la literatura. Este trabajo será tal vez el más transversal: mientras Los Locos y Los Amantes se publicaron juntos en pequeñas carpetas de cinco o siete obras, Los Levitantes se realizarán en varias épocas y no solo en grabados sino en pinturas también.

Aída Carballo continuaría con dos series más: Las Muñecas y Los Colectivos, esta última retratando a los personajes que se encontraba en sus viajes en bondi. Por ello, la Federación de Colectiveros le dio viajes gratis en lo colectivos de Capital Federal de por vida.

1La serie de las muñecas es quizá la más extraña. Toda esta obra contiene mucha extrañeza porque no aborda a la muñeca como un juguete sino desde otro lado y esa es otra característica importante de Carballo. Siempre confundidos sus dibujos como caricaturas, ella era la primera en sorprenderse por esta comparación y levente molesta las criticaba. Todas sus obras tienen esta aura de inquietud en los rostros de ojos gigantes y rasgos aniñados. Otra vez la locura que sobrevuela.

Carballo fue muy reconocida en vida, ganó premios e incluso el MoMa de New York tiene una obra suya en la colección. Pero si uno lee la historia del arte argentino descubre que no hay demasiadas referencias a ella.

Por ello la reivindicación de Fundación OSDE sorprendió en su impacto. Mucha gente la recordaba con cariño y ayudó a restaurar su nombre. Posiblemente porque fue una gran docente en La Cárcova y la escuela Manuel Belgrano y causó una impresión indeleble en sus numerosos pupilos, como la artista Marcia Schvartz.

5En 1985 ella decide dejar de comer y beber y se muere de hambre. Siempre particular, siempre solitaria, Aída nunca se casó y tampoco lo hicieron sus dos hermanas. Juntas, las tres vivieron toda su vida en el caserón familiar de lo que Aída proveía con sus obras.

Tras su muerte, sin embargo, las hermanas quedaron en la ruina. Solas y ancianas, ni siquiera podían comprarse los remedios cuando apareció un alma bondadosa. Héctor Barbenza, el veterinario de los animales se apiadó de las mujeres y comenzó a cuidarlas como su fuera su hijo. Cuando la última falleció, el médico se encontró de golpe y porrazo como único heredero del grueso de la obra de una artista que no conocía.

Él fue quien más colaboró sin pedir nada a cambio, para que el invaluable trabajo de Carballo se mantenga y pueda salir de gira por todo el país. Para que cientos de persona puedan disfrutar de un paseo entre el sueño y la realidad.4