El homicidio de un famoso es el disparador de una historia de obsesión y caída en la desesperación que llevó a su homicida al vacío.

Recuerdo el día en que las noticias anunciaron la muerte de Gianni Versace. Era niño y no me llamó demasiado la atención, en casa se comentó brevemente que era gay y lo había matado un amante o algo así en la puerta de su mansión en Miami. Más impactaron otras muertes como las de Lady Di o la Madre Teresa de Calcuta que ocurrieron contemporáneamente. En lo que a mí respecta no hubo nada más que escuchar al respecto (ni siquiera me interesé en la identidad o el destino del asesino) y por eso me sorprendió cuando American Crime Story anunció El Asesinato de Gianni Versace como la temática de su segunda temporada.

La serie de antologías criminales, producida por los creadores de American Horror Story demostraron con esta segunda temporada su predilección por casos faranduleros. Después del golazo que metieron con el Caso de OJ Simpson, ahora se centraron en el homicidio de un rey de la moda, habitué de los círculos de ricos, famosos y nobles, él mismo un millonario. Seguramente veríamos una radiografía de la vida del diseñador, seguido por el tratamiento en los medios ¿no?

No. Resulta ser que “El Asesinato…” es nada de eso y es en realidad una trampa muy bien armada por sus guionistas y ejecutada a la perfección por los actores, todos muy bien dirigidos.

La trampa comienza en el título. No es una serie sobre el asesinato de Gianni Versace: ocurre rápido, se consuma pronto y ni siquiera es el centro de atención. Tampoco es una serie sobre el modisto: hay muy poco, muy disperso y ni siquiera es el centro de atención. Esta es una serie sobre el asesino, Andrew Cunanan. Y eso es algo bueno.

Es una agradable respuesta a la pregunta que muchos se deben haber hecho luego de ver el primer capítulo: ¿Cómo van a hacer para llenar nuevo capítulos de una hora? ¡Viajando hacia atrás en la vida de Cunanan! Así es como se llenan.

Como dije antes, me encomendé a esta mini serie sin saber nada del homicida ni del caso y creo que es lo volvió más atrapante y sorpresivo. Seguro que los que leyeron la infinidad de artículos, libros y programas especiales de TV ya lo sabían, pero (spoilers alert) hubo cuatro asesinatos más y yo me enteré viendo la serie en 2019.

Es un recorrido por vida y obra de un pibe gay obsesionado con ser especial y su viaje en el que final y obviamente, lo consiguió. Desde sus adolescencia con un padre prófugo hasta sus idas y vueltas como escort VIP de millonarios de la tercera edad. La serie es inteligente porque nos entrega una maraña incomprensible de misterio y lentamente la va desenmarañando mientras conocemos al protagonista y a sus víctimas.

Hay siempre riesgo cuando se hace esto de que una persona horrible mejore su imagen, se vuelva querible cuando debería no serlo. “El Asesinato…” juega al límite con esto, por momentos simpatizamos con Cunanan, lo entendemos, le tenemos lastima. Pero siempre que pasa esto, a último momento la historia da un volantazo y se nos recuerda que Cunanan lo tuvo todo y prefirió otra cosa: la soledad, la muerte, la destrucción. Después de mí, el diluvio.

Pero es una impresión muy personal y para otros tal vez la serie resuene distinto, a lo mejor ese volantazo no se dio lo suficientemente rápido.

La otra cosa para admirar de “El Asesinato…” son las actuaciones. Por supuesto que Darren Criss debería ser premiado (como viene siéndolo) por su interpretación del homicida, es la actuación que todos matarían por tener pero no cualquiera puede llevar a buen puerto. Si Cunanan genera todas esas sensaciones y su personaje corre riesgo de simpatizar con el espectador, se debe a la actuación de Criss. Además, la serie está sostenida por solidas actuaciones de reparto: el Versace de Edgar Ramírez hace gran trabajo por elevar a un personaje que atraviesa por enfermedad, depresión pero también superación, y es el hilo dorado que atraviesa la historia.

Penelope Cruz sorprende con una interpretación muy física de Donatela Versace, de quien se dice que Cruz es amiga en la vida real. De cualquier manera, Cruz no se refrena de mostrar a una mujer endurecida, que puede bajar sus defensas y mostrarse emocional y cariñosa con su hermano, pero que inmediatamente recupera la frialdad cuando tiene que tratar a la pareja de Gianni, un torturado y compungido personaje interpretado bastante bien por Ricky Martin.

Vale la pena ver esta mini serie, es un tratamiento profundo de la mente de un chico que, por un chispazo decidió conducir su vida al homicidio. Pero también porque es una excusa para mostrar lo que la comunidad homosexual tenía que bancarse en las décadas del 80 y 90: la discriminación, la prostitución, la mirada social. Es en resumen un gran trabajo que se merece los reconocimientos que viene cosechando.