La contadora y escritora, Anabella Picco, nos deja una reflexión personal sobre el feminismo y la postura a favor de la despenalización del aborto en un momento histórico en el que se define una ley clave en el congreso.

Por Anabella Picco

No voy a ser la única ni la primera feminista que escribe, pero no creo que exista otro momento en el que sea más necesario.

Yo, la que más de una vez se planteó si abortaría, si este movimiento era una cuestión de odio a los hombres, si estaba bien planteado, si era moral.

Yo, que también dije “No me representan”, “Destruyendo iglesias no es la manera”, “No hay necesidad de estar desnudas”, “No entiendo porque son tan violentas”.

Yo soy feminista. Yo me deconstruí, me enojé, me pregunté y me respondí. Deconstrucción que suena a destrucción porque el primer efecto fue ese, destruir quién fui para construirme consciente, con empatía y con valentía de ir por eso que nos corresponde.

Con paradigmas nuevos empecé a construir desde el amor, a enseñar desde el amor, a mi mamá que dice que aunque las mujeres aborten no lo tienen que decir porque es “feo”, a hombres que siguen dirigiéndose a mi para el levantar la mesa o levantar un bebé, a la familia que se escandaliza cuando digo que no quiero hijos. Me hizo una mejor persona, aunque en el camino me siga enojando y llorando de la impotencia que me genera que una nena de 11 que está embarazada es mostrada en todos los medios, porque todavía hay hombres que piensan saber cómo debemos hacerlo, porque se siguen muriendo mujeres.

Detrás de todas las mujeres que levantan un pañuelo verde hay una historia y de las que no también, solo tenes que mirar al costado. Somos muchas y no estamos solas.

Yo sé que se va a caer.