Nahuel Minué se consagró este 2018 como uno de los ganadores del Pre Cosquín. Detrás de este logro está un artista meticuloso y comprometido con romper las ataduras de lo académico y hacer arte en libertad.

Nahuel Minué se dedica a la música desde los 7 años, aproximadamente la edad en la que empezó tocar la guitarra. Su padre, guitarrero viejo de asados y juntadas donde no paraban ni la música ni el vino, le regaló el gusto por el folclore y el tango, que fue lo que más se escuchaba en su niñez y se escucha hoy en las reuniones familiares. Minué admite haberlo pasado bárbaro en las guitarreadas del viejo porque escuchaba a tipos que por ahí no sabían nada de música pero agarraban un instrumento y compartían con los amigos; eso era lo valioso.

En enero de 2018, Nahuel tuvo el gran honor de poner su talento sobre el escenario mayor de la plaza Prospero Molina, frente a miles de espectadores que lo vieron en vivo y a través de las cámaras. Un orgullo para los riojanos, sin dudas, pero también una proeza que se viene construyendo durante años de ensayos, descubrimientos y esfuerzo.

Ya con 11 años y en la Escuela Municipal de Arte, Nahuel se interesó el piano y el teclado y dos años después ingresó al Conservatorio Fracassi, donde finalmente encaró un estudio serio del instrumento y del repertorio académico.

¿Cómo fueron esos años de formación académica?

La etapa del conservatorio fue el piano, fue técnica, lectura, etc. Después sentí la necesidad de querer decir algo y no saber qué. Todo el tiempo intentaba escuchar cosas nuevas como por ejemplo el jazz, un género al que todavía desconozco pero que me gusta mucho escuchar. El jazz resultó un mundo muy diferente a lo que yo estaba acostumbrado que es estar 6 o 7 horas estudiando una pieza de música académica (mal llamada clásica), del cual no reniego y me sirvió muchísimo. Pero no me daba cuenta entonces que no era el camino que quería seguir.

¿Qué fue lo que te enamoró del jazz?

Del jazz me enamoró la libertad. No digo que ejecutar una obra clásica, o romántica o barroca no sea libre, pero es mucho más complejo tratar de interpretar algo teniendo dos ediciones distintas de esa obra. El trabajo de la interpretación es muy difícil y en el jazz me pasó, quizá, de encontrarme conmigo mismo. No sé si toco bien jazz, lo que sí sé es que encontré mi propio sonido.

Después del Fracassi, ¿Por dónde siguió tu formación?

Después ingresé a un Profesorado y ahí tuve la gran fortuna de encontrarme con la directora de la catedra de piano, Delia López. Si bien allí había un programa que debía respetarse, yo me encontré con una profesora y una pianista que, no digo que se apartara del programa pero sí que cada vez que yo iba con alguna inquietud, ella muy generosamente supo brindarme todo su conocimiento.

Me gustaría saber como viviste ese camino del pre Consquín…

Cosquín es un camino en que se sufre mucho. Es una competencia y uno no va pensando si puede gustar o no: se gana o se pierde. Hay muchos nervios, la desazón de perder una y otra vez, desgasta. Pero la competencia es única en el sentido de que, si bien se la pasa mal, me fui haciendo amigo de los músicos con los que competía, pianistas de un nivel increíble. Yo sostengo que lo que se escucha en el Pre-Cosquín no tiene nada que ver con el festival y creo que si eso se televisara sería muy bueno para la cultura del país, porque cada provincia apreciaría mucho más lo que tiene.

¿Cómo seleccionaste los temas para la competencia?

En los dos últimos años elegí obras de un autor que me fascina que es Waldo de los Ríos, cuya obra está perdida en cuanto al material escrito, partituras; pero nos dejó muchísimos discos: con orquesta, guitarra y orquesta, para piano solo. Y además toqué unos arreglos sobre Chayita del vidalero, zambas; de Piazolla toqué Retrato de Alfredo Gobbi. Siempre siento que me queda grande decir que “arreglo” o “compongo”, todavía creo que no tengo la solidez teórica o práctica para semejante trabajo, pero traté de hacer unos arreglos que me gustaron, que hice escuchar a amigos músicos que quedaron conformes.

Contame como fue el momento en el que te eligieron ganador de un certamen tan importante como el Pre-Cosquín

Fue muy raro todo. Nunca, ningún año, me di por finalista o semifinalistas porque siempre competí con instrumentistas muy buenos. Resulta que la noche que termino como finalista, pasa conmigo otro músico, un guitarrista de Córdoba que no recuerdo el nombre e inmediatamente pensé que iba a ganar él, porque es realmente bueno. Sin embargo sentí que podía prepararme mucho más para esa final. Cuando llegó esa noche y empezaron a dar los resultados, yo estaba en shock, me emocioné mucho porque todos los años me acompañó mi viejo y lo hice más  que nada por él. Después me di cuenta de la envergadura del festival y de la representación que hay detrás. No es solamente ir a competir porque quiero ganar, es también la posibilidad de representar a La Rioja, algo que muchos otros no pueden hacer por diferentes motivos: porque no tienen voz, porque no pueden difundirse. Yo tuve esa oportunidad.

¿Y la noche en el Festival Grande?

Fue todo un tema, esa noche también tenía que acompañar a la delegación de la provincia, una adrenalina que no la sentí nunca en la vida. Cuando toqué solo, terminando el primer tema yo trataba de no escuchar nada más que el piano, de no mirar al público tampoco (que era muchísima gente); creo incluso que temblaba. Resulta que durante el tercer tema noté que caían unas gotas de lluvia sobre el piano e inmediatamente se cortó la luz en todo Cosquín y Carlos Paz. Preocupado por el piano me le tiré encima porque no tenía nada para protegerlo y entonces empecé a escuchar los aplausos de la gente, ahí fui consciente por primera vez de lo que pasaba.

¿Qué repercusiones tuviste después de semejante momento? Todo le mundo te vio por la tele o los video después…

Muchas cosas. Me invitaron a la Chaya, también para la Peña Oficial de Cosquín y tuve la oportunidad de que me recibieran el Gobernador de La Rioja y el Secretario de Cultura. Además, me han hecho la propuesta de grabar un disco como pianista solista.

Bueno vos decías que no te sentís apto para componer ¿No es este un buen momento?

Debo confesar que soy bastante vago. La época de estudiar mía ha quedado en el pasado, de estudiar bien en serio me refiero. Quizás ahora  estoy comenzando de nuevo pero no respecto a lo que yo quiero que es la composición; pero supongo que en algún momento tendré que sentarme a estudiar ya sea acá en La Rioja o afuera porque tenemos muy buena escuelas lo que a formación académica o popular en Argentina.