La semana pasada Game of Thrones nos ofreció un capitulo polémico, técnica y visualmente emocionante pero argumentalmente cuestionable. Esta semana, mientras muchos esperábamos respuestas, la serie más vista de todos los tiempos nos regaló uno de sus peores espisodios, a dos del final. Atención spoilers y mucha bronca.

Dentro de muchos años, cuando pase la excitación desmedida, la gente volverá a ver Game of Thrones como un paquete y se dareá cuenta lo apresurada, torpe y sin sentido que es su última temporada. Tal vez incluso se den cuenta de lo tremendo que fue para la historia que la tinta de George Martin se terminara hace varias temporadas atrás. Era imposible prever en 2010 lo tremendo que sería encarar una serie cuyo autor no solo no había terminado con la historia sino que era notorio por tomarse su tiempo. Pero aquí estamos, a dos pasos del final, cayendo como el dragón Rhaegal al mar. Impotentes.

El capitulo empezó bien, con momentos de quietud y solemnidad para enterrar a los muertos. Pero rápidamente hubo un giro al ridículo cuando nos enteramos que la larga noche solo le costó a los “buenos” la mitad de su ejercito. Me disculparán pero la impresión fue que había sobrevivido un puñado y sin embargo, por obra y gracia de la magia del guión, la mitad, incluso de los dothraki, sobrvivió a la masacre zombi.

Las decisiones polémicas que se vienen tomando son curiosas. Todo parece atolondrado, descuidado (el vaso de starbucks es un síntoma). después de una batalla que dejaría a todos con ganas de irse a dormir y festejar por meses, todos tienen que forzadamente seguir adelante porque no hay tiempo. Y no hay tiempo porque no quedan capítulos, todo tiene que ser rápido, sin mucha explicación ni solución de continuidad. Bron tiene que entrar a una habitación como si fuese un sketch cómico, charlar dos palabras e irse porque a alguien se le ocurrió mandarlo en una misión ridícula en el capitulo uno.

Aparentemente ahora tenemos que creer que Daenerys se vuelve loca y la mejor manera de lograrlo no es desarrollar esa característica a lo largo de varias temporadas sino comprimirlo todo en media hora. Ahora tenemos que pensar que Varys y Tyrion son capaces de traición, después de todo lo que pasó y pasaron juntos. ¿Acaso hay que pensar que Jaime puede ser tan simple como para volver con Cersei? Todo el apurón lo único que logró fue destruir el desarrollo de muchos de los personajes, tal cual hicieron con el Rey de la Noche en el capítulo 3.

La semana pasada reconocíamos que Cersei parecía capaz de encarnar un mejor y más peligroso villano que el sobrenatural e inhumano Rey de la Noche, pero el capítulo cuatro nos entrega a un par de villanos de historieta (con el perdón de los cómics) que usa a la gente como escudo humano y se sube a los parapetos de la muralla como si hubiera nacido ayer. Que se niega a provechar una ventaja estratégica teniendo a sus enemigos a tiro de ballesta. Con un Euron Greyjoy pirata que parece la peor versión de un matón bruto.

Mucho se habló de la muerte del segundo dragón. ¿No eran los dragones super armas de destrucción masiva, casi imposible de derrotar al punto de conquistar un reino entero con ellos? Nada de eso, tres catapultazos y al agua. Sin que a nadie se le corriera notar la enorme armada que claramente los estaba viendo a ellos y, ya que estamos, sin que ningún pirata se ocurriera apuntar al dragón negro, que casualmente llevaba a la reina. Todo para shoquearnos en una pésima interpretación de lo que fueron muertes icónicas como la de Ned Stark o su familia en la Boda Roja.

Vamos a ser sinceros y mencionar que si bien lo que Martin escribe es fantástico, la realidad es que sus últimos dos libros, Festín de Cuervos y Danza de Dragones dan vueltas que parecen no llevar a ningún lado. La historia avanza lentamente y si bien toda la cuestión de Daenerys en el viejo mundo y las conspiraciones de Arianne Martell son interesantes, la TV no puede intentar esos rodeos tan extensos.

Game of Thrones está en caída libre, la impresión hoy es la de un avión kamikaze en picada hacia el final de temporada. La única esperanza es que el impacto sea tan explosivo, espectacular y demoledor que al menos tengamos una fiesta de exageración sin sentido de venganza. Sus creadores, sus actores, sus guionistas y creo que los espectadores también, estamos todos un poco agotados. La serie que marcó un antes y un después en la televisión debe morir, mientras más rápido, mejor. Valar Morghulis.