No es la primera vez que se ve un proyecto así en La Rioja. Publicaciones autogestionadas orientadas a la literatura ya hubo varias y de diferentes sabores, pero cuando ese publicación repite una vez y otra vez (ya van editando con éxito su tercer fanzine), lo mejor es sentarse a escuchar su historia.

Fanzine (este es el nombre del producto pero también del colectivo que los hace) nace en 2018 de la unión de varios grupos de jóvenes con inquietudes literarias: por un lado alumnas de la Licenciatura en Letras de la Universidad de La Rioja que habían formado una agrupación estudiantil: Verso Libre. Por el otro una pareja que había creado una suerte de editorial independiente llamada Todas las Ratas; un laboratorio creativo, como nos menciona Martín Sotelo, una de las mitades de ese proyecto.

Al final, Fanzine quedó conformado por las estudiantes de letras María José Saavedra, Victoria Rodríguez Rea, Marianela Peña Pollastri; los fundadores de Todas las Ratas, Eugenia Murúa y el mencionado Sotelo; el estudiante de historia Facundo “Rocke” Córdoba; y la ausente para esta nota, Andrea Martín.

La fusión de estos grupos se fue dando de manera orgánica a partir de la participación de todos en eventos culturales: talleres de literatura, lectura de poesías… stand up peronista. Sí, a la salida de una presentación del comediante Peroncho fue que se encontraron todos conversando sobre sus coincidencias.

Las piezas empezaron a hacer clic y llegó un momento en que lo tenían todo para largar: los textos, las ganas y más importante que todo eso: el recurso humano.

LITERATURA PARA TODOS

Un fanzine es una publicación hecha por fans sobre algún tema en particular. Su característica principal es lo artesanal de su producción y suelen ser, además, alternativos, subterráneos, libres y autogestionados.

Su origen es incierto pero surgen allí donde se quiere decir algo y por diferentes motivos no se puede. Entonces el fanzine es la herramienta para comunicar más allá de la censura, el dinero o el mainstream, con la única condición de poder generar una comunidad que lo comparta, lo haga circular. Como una versión escrita de esos cassettes piratas que se grababan en los conciertos de bandas under en los 80´s y 90´s.

Pero justamente esto genera preguntas, porque esa manera de compartir clandestina parece haberse vuelto obsoleta desde que Internet y las redes sociales “horizontalizaron” la cultura.

“Sinceramente no queríamos abrir otro blog”, contesta Fanzine, hartos de esos posteos increíbles de Facebook que lo tienen todo: interesantes, informados, bien escritos pero que desaparecen de la conciencia colectiva en una semana, ahogados entre los algoritmos de búsqueda.

En lugar de ello apuestan a un producto físico, guiados por la impresión de que sus lectores son humanos de carne y hueso que necesitan ese contacto. “Preferimos ir a buscar a la gente, darle algo en la mano y preguntarles qué les parece”, insisten.

Para más gancho, cada presentación de los fanzines viene acompañada de una fiesta done los compradores pueden conocer a los escritores y viceversa. Porque el objetivo es acercar y difundir la literatura a cuanta gente les sea posible.

LA COMUNIDAD

Para que una publicación como esta tenga éxito hace falta el respaldo de un buen grupo de gente detrás: quienes lo compran, lo leen y lo comparten. Afortunadamente a la vuelta de Fanzine se consiguió armar uno muy interesante.

Los chicos de Fanzine declaran ser los más sorprendidos por la repercusión que tuvo la primera edición, cuya temática fue el terror. Salieron a venderlo un lunes a la noche y el miércoles ya tenían que imprimir más porque la tirada original se había agotado. En total sacaron del horno trecientos número de esa edición y al fanzine de terror le siguió otro de ciencia ficción y uno con textos feministas para el Día de la Mujer.

Sus seguidores son un grupo que participa de manera activa de los eventos, incluso si no tiene nada bueno para decir: según nos cuentan hay un grupo que los critica con avidez, pero no se pierden ninguna presentación del colectivo, siempre en primera fila, listos para el bardeo. Y está perfecto, nos dicen, porque esto se supone que es un intercambio. Nadie dice ser el iluminado de la literatura.

Para eso dejan reservado el blog (sí, no abandonaron del todo la web) con los artículos más académicos, para mantener allí la discusión sobre estilos y teorías.

Porque el debate y la crítica es una parte esencial de la conversación que plantea este grupo de jóvenes. Y por ello levantan una bandera de libertad e independencia que, en una provincia muerta de miedo para hablar de la política, significa plantarse y marcar límites a la ayuda estatal.

No dicen que no la quieran, simplemente que si llega debe hacerlo de una manera que sirva a los principios del grupo y a la gente que los sigue. Ellos quieren ser críticos, opinar sobre tal concurso o cuestionar que se publiquen ciertas cosas sobre otras, etc.

Hay muchas ganas y pasión detrás de este proyecto. Un refugio para lo marginal donde se puede crear y hablar con libertad y donde el único costo es traccionar todo a sangre. Un proyecto que ni se puede pensar sin sus lectores a quienes invitan constantemente a participar, el único combustible para que esto siga andando.

Para más información sobre el colectivo Fanzine podés seguirlos en:

Facebook: https://www.facebook.com/fanzinelr/
Blog: https://fanzinelr.wordpress.com/ 
Instagram: www.instagram.com/fanzine.lr