El artista y gestor cultural, Hugo Albrieu inaugura este viernes 13 de septiembre la muestra “Como Vaca sin Cencerro”, pinturas que evocan los recuerdos de la infancia. A las 20:30 en el espacio Incipiente del hotel boutique Reina Mora (Rastreador Fournier 822).

Hace mucho, casi seis años, que Hugo Albireu no pintaba. Seis años que Hugo no hacía algo que le gustaba mucho porque la vida, las ocupaciones, las circunstancias, las inseguridades o vaya uno a saber que otras razones lo hacían pensar que no quería o no podía. Resulta entonces que un día, sintiéndose solo, acudió a su rescate una película de Almodóvar: La Flor de mi Secreto, que no es de las mejores, ni la más conocida del director español; pero tiene el cine, cuando está bien hecho, la capacidad de encender el espíritu y guiarlo hacia las empresas más inesperadas. En eso se le parece mucho al vino el cine.

Decía que viendo Albrieu esta película, se encontró con una frase: “Como vaca sin cencerro”, haciendo referencia a alguien que se ha perdido, anudándose en las minucias de la vida cuando lo que en realidad le hace falta es volver a casa. Entonces Hugo, que tenía mucha hambre de pintar, sintió resuelta otra de sus excusas, la última: ¿Pintar qué? La respuesta fueron los paisajes de la infancia en “La Ciénaga”, una finca que su familia supo tener en Sañogasta, en las entrañas verdes de La Rioja, rodeada de la Cuesta de Miranda y el río del mismo nombre.

Se trató, primero, de un ejercicio de la memoria. Esa vieja finca de nogales ya no existe, la vendieron hace mucho cuando nadie pudo hacerse cargo de ella. No había fotos tampoco, solamente experiencias y de las experiencias se debe siempre desconfiar porque es el alimento favorito de la imaginación, que las roe como polillas a una prenda de vestir. Pintar estas pequeñas viñetas, recordar qué pasó, cuándo y cómo, fue un trabajo de costura que requiere saber cuándo parchar allí donde hay un hueco o bien cortar la tela raída y remplazarla con una fábrica nueva, brillante, distinta pero similar.

Las pequeñas obras, que se multiplicaron, resultaron el bálsamo que Hugo necesitaba. La mirada de niño, la ingenuidad de la materia prima se pueden volver adictivas. Hugo volvió a pintar después de seis años y no paró. No paró cuando surgió la posibilidad de mostrarlas en Catamarca el año pasado; no paró cuando se vendieron todas las que estaban en esa muestra y no paró ahora, que se aproxima la inauguración de “Como vaca sin cencerro” en el espacio Incipiente del hotel Reina Mora, en La Rioja.

Salir del laberinto, encontrar ese amor por hacer, requiere a veces volver a ser el niño que hurgaba el mundo con insaciable curiosidad, infinita inocencia e inagotable energía. Esos momentos fueron, después de todo, nuestros días más felices, cuando vivíamos hermanados con el asombro.